Diario Sur
Malaga CF

Este Málaga tiene hambre...

Los jugadores titulares del Málaga posan en Mestalla durante el minuto de silencio en memoria de los miembros del Chapecoense y de la exalcaldesa Rita Barberá.
Los jugadores titulares del Málaga posan en Mestalla durante el minuto de silencio en memoria de los miembros del Chapecoense y de la exalcaldesa Rita Barberá. / Agencia Lof
  • La juventud del vestuario ha tenido un efecto contagio a la hora de sobreponerse a las muchas bajas

  • Como en la Liga pasada, el equipo se ha asentado en la zona media gracias a un ciclo que ha permitido sumar 15 puntos y en remates solo lo superan los tres ‘grandes’

«El esfuerzo de los chavales es admirable». La reflexión en privado de Juande Ramos a su equipo de trabajo, cada vez más frecuente, muestra la enorme satisfacción del entrenador del Málaga por la actitud de los jugadores, especialmente en estos dos meses de continuas y numerosas bajas por lesiones (sobre todo) y sanciones. La conclusión es sencilla: este Málaga tiene hambre. La masiva presencia de futbolistas jóvenes, acentuada las últimas semanas por la incorporación de distintas piezas del filial, ha supuesto un efecto contagio a la hora de sobreponerse a cualquier adversidad y, especialmente, a la teórica inferioridad respecto a determinados rivales.

La pasada temporada fue en Vallecas; esta, en La Rosaleda frente al Athletic. Sendas remontadas en la recta final del encuentro permitieron no ya sumar valiosos puntos para respirar, sino un espaldarazo anímico fundamental para instalarse semanas más tarde en una zona cómoda de la tabla. El paralelismo es más que evidente. Hace un año el equipo encadenó cuatro victorias y un empate tras aquel triunfo en el campo del Rayo, lo que, unido a dos empates anteriores, valió para sumar 15 puntos y pasar de colista (tras la derrota en Cornellá) a situarse décimo al concluir la primera vuelta. Ahora la dinámica ha sido similar. El equipo era decimoséptimo después de caer en el Villamarín ante el Betis y sólo contaba con cinco puntos. En esta ocasión también se han obtenido 15 puntos (y también merced a cuatro victorias y tres empates) para ocupar la undécima plaza, aunque igualado con el décimo clasificado. Es cierto que se ha necesitado un partido más (ocho), pero también es relevante reseñar que en el calendario figuraban tres escenarios complicados por visitar (sucesivamente, el Calderón, el Camp Nou y Mestalla).

No obstante, si en los últimos compromisos de 2015 y los dos primeros de 2016 el Málaga se aferró al ‘efecto Camacho’ (el regreso de su jugador más valioso tras un importante periodo de inactividad), en la serie actual se deja sentir más la ambición del vestuario. O como se suele decir, el hambre.

Arma de doble filo

En las primeras semanas del campeonato en el seno del club ya advertían de que la proliferación de jugadores jóvenes en la plantilla era un arma de doble filo. La bisoñez suele pasar factura en cualquier categoría –más en la élite–, aunque también supone un plus de aire fresco en un grupo. A eso supo sacarle rendimiento hace dos temporadas el anterior entrenador, Javi Gracia, con la presencia de determinados jugadores. Ahora los jóvenes son mayoría y, aunque es cierto que Weligton o Charles son pilares en el plantel cuando se trata de aconsejar o animar, los novatos han debido asumir un papel que teóricamente no les correspondía; esto es, han debido tirar del carro.

La cohabitación entre jugadores más curtidos y jóvenes con ambición ha permitido formar un bloque homogéneo para combatir tanta adversidad. El vestuario del Málaga casi siempre ha brillado por su buen ambiente, pero esta temporada es más habitual ver imágenes de jugadores sonrientes en el día a día y protagonizando alguna broma. La complicidad con el preparador físico Enrique Ruiz –muy acostumbrado al trato con los futbolistas noveles– es muy evidente y además muy pronto se instaló en el vestuario la convicción de que había que apretar los dientes y mostrarse unidos para no pagar un alto peaje por las numerosas bajas.

Más del triple de goles

También el estilo de juego  ayuda. Por ejemplo, Juande exige (no se conforma con pedir) que uno de los dos medios centro llegue a la zona de remate con frecuencia, que se intente el tiro a puerta desde la frontal y que los dos puntas (incluso si es factible uno de los extremos) sean permanentemente referencias en el área.

Por eso, pese a la falta de un delantero centro de envergadura y habituado a jugar de espaldas, el Málaga es el cuarto equipo de Primera en remates y solo superado por los tres ‘grandes’. Su media es de 10,1 por 11,2 del Atlético, 12,7 del Barcelona y 15 del Real Madrid. Como consecuencia, el equipo acumula 23 goles, más del triple que hace un año (entonces sólo llevaba siete), e iguala el mejor registro en Primera a estas alturas como Málaga Club de Fútbol (en las temporadas 1999-2000 y 2000-2001). Quizá para muchos no se trate más que de un detalle numérico, pero sin duda refleja hasta qué punto este Málaga tiene hambre.

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