Diario Sur

Malaga CF

Este Málaga no es el que conocía...

Juande se equivocó. Esa es la realidad. Pensó que este Málaga era el mismo que conocía en 2003, un club familiar y que funcionaba casi por inercia. También creyó que era así el día de su presentación, cuando saludó a tanta gente y se vio tan arropado en las butacas de la sala de prensa. Pocos amigos, casi ninguno, le advirtió de que el club hoy por hoy está descabezado, sin esa figura que al menos lo coordine todo y ante el que respondan desde los distintos departamentos (llámese director general o similar). Vamos, que con el jeque como cabeza visible todo funciona a impulsos, del propio presidente a golpe de Twitter y de todos los que lo rodean muy pendientes de quedar bien ante él. También el técnico se equivocó en su presentación. Para él, era como volver a ‘casa’, de modo que le pudo la ilusión, y aquello de «todo lo que no sea estar en Europa se nos queda corto» lo ha perseguido. Es cierto que lo dijo en un contexto, pero fue un error de novato, no de un entrenador veterano.

Pronto Juande vio que aquello no era lo que le habían pintado, como cuando Al-Thani le habló de que iba a traer a Casillas. Ocomo cuando vio las dificultades para incorporar a un portero y un delantero centro, como estaba previsto, porque no se había vendido a Camacho, como estaba previsto. Sus discrepancias con Arnau fueron notorias durante esos días y fue al cierre del mercado cuando el manchego ya tiró la toalla en sus peticiones, aunque para entonces ya estaba hecho un lío. Ahora el interlocutor no era el delegado del equipo, Carlos López (otra persona clave en la negociación de su fichaje), sino ‘Coki’ Pérez (hijo de su gran amigo, y también confidente en aquella temporada 2003-2004, José Carlos Pérez).

A partir de ahí la temporada ha sido en parte un desencanto para él. Demasiados obstáculos en el camino. Pero, sobre todo, las bajas y su deseo de imponer un nuevo estilo de juego. En el primer capítulo se han producido muchas situaciones ‘raras’ (operaciones que al final no se producían, recaídas, procesos de recuperación sin fecha final definida, molestias repentinas de algunos jugadores...). En eso Juande se ha sentido huérfano, pero en su afán por no querer transmitir nervios (algo sí conseguido) le ha faltado dar un puñetazo público encima de la mesa. Ponerles las pilas a todos. Ejercer de líder cara al club y cara al vestuario. Con contundencia. Pensó que no era la persona adecuada, que habría otros para ello, y también se equivocó. En el Málaga actual sólo él debía ser el referente.

En cuanto al estilo de juego siempre ha mantenido un pulso con la plantilla. «Para jugar así, me voy», les dijo en una charla a los jugadores. Se refería a que no quería que el equipo siguiera jugando ‘a lo perro’, metido atrás y buscando la victoria por 1-0, sino con ambición, con la defensa más adelantada y las líneas juntas. En esto chocó frontalmente con algunos jugadores, precisamente aquellos que tienen más contacto con algunos medios de comunicación. Que Juande sea hierático en las ruedas de prensa, que no se vuelva loco con gestos en los partidos o que apenas sonría no es nada nuevo. Tampoco que su capacidad de aguante siempre ha sido mínima según qué cosas. Ha dimitido porque no ve ‘mano dura’, pero él debió cortar de raíz mucho antes lo ocurrido con Kameni.