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Malaga CF

El fichaje de los 500 millones de pesetas que acabó de entrenador

Ben Barek saluda a Romero.
Ben Barek saluda a Romero. / Paula Hérvele
  • Marcelo Romero recibió numerosas felicitaciones tras el acto oficial celebrado en la sala de prensa Juan Cortés

Marcelo Romero llegó en 2001 a Málaga como refuerzo de urgencia después de que el club no pudiese contratar a Víktor Onopko ¿Se acuerdan? Aquel espigado centrocampista ruso y calvo que tenía el Oviedo y que medía 1,90. En su lugar llegó Romero, un tipo menudo, zambo y que superaba por poco el metro setenta. Es decir, justo todo lo contrario que había pedido Joaquín Peiró. Pero así eran las cosas en aquel Málaga presidido por Serafín Roldán y que manejaba en la sombra la empresa Bahía.

Pues aquel fichaje desconocido que llegó de Uruguay es hoy el entrenador del Málaga. Romero siempre fue un futbolista cercano para todos los que rodeaban el equipo, y este talante lo ha mantenido hasta hoy en día. Por eso, ayer el ambiente con los medios de comunicación durante su presentación era mucha complicidad, aunque en la sala de prensa quedaban ya muy pocos informadores de los que en su día cubrieron su presentación como jugador. Y por eso, cuando terminó el acto oficial y clásico posado con la bandera del Málaga, Romero recibió algún que otro abrazo y numerosos mensajes de apoyo y ánimo, la mayoría de los periodistas, que dentro de poco entrarán a juzgar y valorar sus alineaciones.

No es un secreto que el uruguayo tenía fama de jugador contundente, y ese es el talante que quiere que tenga su equipo: intenso, duro y peleón. En su frente todavía luce la ‘Y’ que le dejó como secuela un intenso marcaje a Zidane del que el francés se libró con un codazo. Se reencontrarán dentro de pocos y no duden de que habrá saludo, aunque en su día, el francés no estuvo especialmente cortés.

Romero vuelve a la primera línea de la actualidad después de que junio de 2007 echase el cierre a su etapa como futbolista en el Málaga. «No voy a estar en un campo de fútbol para pasar vergüenza», afirmó ese día, después de sufrir un par de lesiones que lo lastraron de forma importante. Es el regreso del ‘Gato’, porque siempre será conocido por su apodo, y ayer dejó claro que no le importan que lo llamen así. «La autoridad se tiene o no se tiene. Ellos (los futbolistas) saben que soy su entrenador». Por cierto, no se confundan con lo de Gato, no es porque como dijo Roldán en su día, que «por abajo las cazase todas», sino porque en sus inicios jugaba como portero (’golero’, término empleado en Uruguay), y por lo visto no era malo, aunque luego demostró que como medio centro era mejor.

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