Malaga CF

La doble 'equivocación' de Romero en El Sadar

Romero es felicitado por Fernando Sanz y Manu tras el gol del uruguayo ante Osasuna en 2004.
Romero es felicitado por Fernando Sanz y Manu tras el gol del uruguayo ante Osasuna en 2004. / SUR
  • El uruguayo siempre bromea con el gran gol que marcó desde fuera del área y con la izquierda ante Osasuna, que valió para ganar en la temporada 2002-2003

Tan ocurrente como siempre, poco acostumbrado a celebrar goles y habituado sólo al ‘trabajo sucio’ en el centro del campo. Marcelo Romero siempre suele bromear cuando recuerda su gol más espectacular, precisamente en el escenario que el viernes visitará el Málaga, El Sadar. «Ya ves, en aquella jugada me ‘equivoqué’ dos veces. Primero, por pegarle a puerta, y segundo por darle con la izquierda». Así, con su buen humor, rememora siempre el hoy entrenador blanquiazul aquel tanto que sirvió para sumar tres valiosos puntos, casi decisivos para asegurar la permanencia en la temporada 2002-2003.

Nunca fue ‘Gato’ Romero un centrocampista goleador. No lo necesitó para brillar. «Hemos fichado a un futbolista uruguayo. Se llama Alfredo Romero, ‘el Gato’», desveló el entonces presidente, Serafín Roldán el 1 de agosto (su desconocimiento era tal que cambió el nombre de pila, Alfredo en vez de Marcelo). La sorpresa fue monumental entre los periodistas desplazados a Doorwerth (en Arnhem, Holanda). Se hablaba mucho aquellos días de las negociaciones para incorporar a Onopko y Nagore tras la venta de De los Santos y la marcha de Movilla, pero el máximo responsable deportivo, Carlos Rincón, dio la sorpresa en el enésimo acuerdo del Málaga con el magnate del fútbol uruguayo, Paco Casal. Y el fichado no fue el sevillista Podestá, también vinculado a la empresa Tenfield, sino Romero.

«Por abajo las caza todas...»

«¿Y por qué lo llaman ‘Gato’?», le espetaron rápidamente los periodistas a Roldán. El presidente, que había retrasado un día su llegada a la concentración para no presentarse de vacío ante Peiró, respondió con el primer argumento que le vino a la cabeza: «Es que por abajo las caza todas...». A Peiró aquel fichaje no le gustó inicialmente, porque se había hecho ilusiones con Onopko y Nagore, altos, fuertes y, sobre todo, conocedores de la Liga. Romero, que costó cerca de 500 millones de pesetas (en concreto, 2.800.000 dólares), siempre recuerda que el entrenador madrileño ni se fijó en él cuando se cruzaron en la concentración. «Es más bien ‘recortadito’, pero nos puede venir bien», confesó el técnico después de una semana de entrenamientos. Eso sí, ya había reclamado otro medio centro de envergadura después de conocer que Romero medía 1,73 metros. Casi a última hora llegó Miguel Ángel, procedente del Levante.

Pronto Romero se ganó el aprecio de sus compañeros y de los aficionados. Su descomunal trabajo en el centro del campo y su inteligencia para incrustarse en la defensa en situaciones más complicadas (entre los centrales o bien entre un central y un lateral) lo convirtieron en un futbolista imprescindible. Era improbable verlo marcar goles, sencillamente porque su misión era estrictamente de contención. Aun así, se estrenó en casa frente al Villarreal (con victoria por 2-1) y después participó en la goleada al Recreativo en el comienzo de la segunda vuelta de la temporada de la UEFA.

Aquella campaña, la 2002-2003 (a la postre, la última de un ciclo histórico con Peiró y varios jugadores), estuvo salpicada de felicidad en el ámbito deportivo y de frustración en el extradeportivo. Las promesas incumplidas a la plantilla enrarecieron el ambiente mientras paralelamente, en marzo, ya era notorio en el mercado que Rincón comenzaba a maniobrar para encontrar el recambio del veterano entrenador madrileño. Para entonces, Juande Ramos ya tenía sobre la mesa la propuesta y el manchego veía con especial atención los encuentros del Málaga. De hecho, alguna vez bromeó con el uruguayo sobre aquel gol de ‘Gato’ en Pamplona.

Sin Darío y Dely

No se puede decir que aquella temporada peligrara la continuidad del Málaga en Primera, pero sí existía cierto temor a que después de la eliminación de la UEFA en cuartos de final el equipo se dejara llevar... Pero fue en El Sadar, el primer domingo de abril, donde se disiparon todas las dudas. A once jornadas del final el equipo compareció ante Osasuna con 32 puntos, sin Darío Silva y Dely Valdés y con Canabal como único referente en punta.

El Málaga completó aquella tarde un partido muy serio que se resolvió al filo del cuarto de hora de la segunda mitad con un golazo de Romero al dejarse ver en el balcón del área. La cara del uruguayo nada más lograr el que sería el tanto del triunfo fue demasiado elocuente. ¡Había marcado con la izquierda! «Lo de darle con la zurda fue sin pensarlo; no sé por qué lo hice», admitió en una entrevista con SUR al día siguiente. «Ha sido uno de los mejores de mi vida. Había hecho dos goles desde cuarenta metros en Uruguay, pero con la derecha», apuntó. A Romero le quedó la felicidad de marcar «ese gol tan importante» –como él mismo subrayó– en un escenario que siempre recordará. El Sadar casi siempre ha sido talismán para el Málaga Club de Fútbol y para el uruguayo. Y allí, en el campo de Osasuna, espera vivir el viernes (20.45 horas, Gol) no una doble ‘equivocación’, sino una doble satisfacción: lograr un triunfo que consolide el trabajo de sus tres primeras semanas al frente del equipo y que además acabe con la sequía de victorias a domicilio desde hace más de diez meses.

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