Malaga CF

Jugar con fuego

  • El Málaga se ha abonado a jugar con fuego. En los despachos y en el terreno de juego, en el plano institucional y en el deportivo

El Málaga se ha abonado a jugar con fuego. En los despachos y en el terreno de juego, en el plano institucional y en el deportivo. No es fácil resumir (y transmitir) la insólita situación que se vive día a día en La Rosaleda. El único salvavidas se encuentra en la clasificación, en esos 22 puntos acumulados y, sobre todo, en la manifiesta incapacidad de los conjuntos de la zona de descenso para ganar un partido. La permanencia va a estar más barata que nunca y al menos en ese aspecto el miedo a un descenso y al evidente riesgo de zozobra –la deuda está ya casi a niveles de la etapa del proceso concursal– queda en un segundo plano. No obstante, a estas alturas la brújula parece perdida. El presidente y sus hijos viven alejados de la realidad y, lo que es peor, de la realidad del fútbol. El club no puede dirigirse a su libre albedrío, sin estructura, sin contactos, sin conocimientos, guiados por utopías y únicamente con la represalia como respuesta a cualquier discrepancia. En cualquier organización seria (y el Málaga debe serlo en una competición en imparable expansión) los volantazos sólo conducen al desastre. La imagen, la marca, está por encima de todo y detalles como la cancelación de la puerta a José Carlos Pérez reflejan hasta qué punto los propietarios creen que el club puede manejarse como el móvil al entrar en Facebook o Twitter. Yen el capítulo deportivo el panorama no es mejor. Romero aún ejerce de colega de los futbolistas antes que de entrenador cuando el panorama no está para que el inquilino del banquillo esté en continuo aprendizaje. Respecto a Arnau, ha quedado más que demostrado que él no tiene las riendas y que algunas decisiones no tienen la más mínima lógica.

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