Diario Sur
Malaga CF

Luis vuelve al colegio

Luis abraza tras la charla a dos de los que fueron sus maestros.
Luis abraza tras la charla a dos de los que fueron sus maestros. / Salvador Salas
  • El canterano visita el Ramón Simonet junto a la Fundación del Málaga y rememora cómo fueron sus años en el centro

Suena el timbre y se abren las puertas. Aunque esta vez no es una mañana cualquiera, al menos no para él. Ocho años después, el central Luis volvió a pasar por los pasillos del centro educativo con más alumnos de la provincia (alrededor de 950), el Ramón Simonet, su colegio de toda la vida y también el de sus hermanos, Jesús y Ana, la más pequeña de la familia. Un lugar donde no se le conoce por ser el canterano del Málaga que debutó ante el Barcelona en el Camp Nou, sino por José Luis, un alumno trabajador, que aunque no brillante, siempre aprobaba y que, eso sí, ya empezaba a destacar con el balón entre los pies.

«Me acuerdo perfectamente de él. Teníamos una liguilla en el colegio y ahí le recuerdo tal y como es ahora: puro nervio, muy competitivo y con ganas de tener siempre la pelota. De hecho, se enfadaba si no tocaba balón», relata uno de los maestros que más ha seguido su trayectoria, José Antonio Caro. Algo que el central también admite: «Reconozco que era nervioso y también un poco egoísta, porque siempre quería jugar yo y tener todo el rato el balón». «Sigue teniendo la misma cara que entonces, sólo que ahora es bastante más alto. Era un niño bueno, trabajador. No destacaba en cuestión de notas, pero siempre se esforzaba y mostraba interés», rememora la que fuera su maestra de Música, Charo Fernández. «Nos ha hecho mucha ilusión que vuelva para hacernos esta visita», añade.

Fue una visita muy especial para el canterano, organizada por la Fundación del Málaga y CaixaBank, y en la que no paraba de preguntarse: «¿Quién me iba a decir que iba a estar aquí?» Acompañado de la actual portera del Málaga femenino, Chelsea; el entrenador de este conjunto, Raúl Iznata; el exmalaguista Basti y, bajo la atenta mirada de alrededor de 400 alumnos del colegio, Luis entró al pabellón de deportes. Es uno de los espacios del centro en los que más horas pasó, siempre deseando que empezara la clase de Educación Física. «Esa era mi clase favorita. Siempre tenía ganas de que llegara, aunque también me gustaban bastante las matemáticas», comenta Luis. «Es muy bonito llegar a tu colegio, el de tu barrio, y que todos te reconozcan y te admiren. No sé si soy un referente, pero algunos de ellos, al verme, se sienten identificados y sienten que también podrían llegar a estar donde estoy yo ahora. Lo más importante es que se tienen que esforzar para ser aquello que quieran ser», argumenta el central.

Luis, acompañado de Basti y Chelsea, coge a su hermana Ana en brazos en un momento de la charla ayer, en el colegio en el que ella también estudia.

Luis, acompañado de Basti y Chelsea, coge a su hermana Ana en brazos en un momento de la charla ayer, en el colegio en el que ella también estudia. / Salvador Salas

En la vida, todo el mundo se plantea un objetivo y él lo tuvo muy claro desde pequeño. Quería ser futbolista y no pararía hasta conseguirlo. «Para poder cumplir una meta, no basta con desearlo. Hay que esforzarse mucho y también tener un poco de suerte. Yo ahora mismo me considero un afortunado», señala el malagueño.

«Verlo el otro día defendiendo a Cristiano o a Benzema  fue increíble. Estaba ahí, donde siempre había querido estar, marcando a futbolistas que él había coleccionado en los cromos», expresa Caro. «Siempre me llevaba las estampas al colegio y las intercambiaba con mis amigos. Todo el mundo quería ser como los grandes delanteros de La Liga. Yo ahí ya era defensa y quería ser como Sergio Ramos. Ahora tengo su camiseta, él mismo me la dio después del partido. No me esperaba que me pasaran estas cosas, pero ahora que me están pasando estoy muy contento de poder haber jugado contra uno de mis ídolos», explica Luis emocionado.

Una lesión complicada

Un sueño, el de ser futbolista, que pudo verse truncado cuando tenía 16 años al cruzarse en su camino una fractura en la vértebra lumbar 2 (L2) a causa del estrés. «Era un momento en el que estaba siempre jugando, no paraba. Tenía que tener siempre las plantillas puestas y yo no las tuve. Mi cuerpo no lo asimiló y acabé con una fractura. En ese momento hubo médicos que me dijeron que tenía que dejar el fútbol, que fuese pensando en otras cosas. Pero mi mente me decía que siguiera pensando en fútbol y en que me iba a recuperar», se sincera el blanquiazul. «Mis padres me ayudaron mucho, me decían que pensara que me iba a curar y eso me ayudó mucho», agradece.

Cerrado ese capítulo de su vida y superada con creces tan dura lesión, el nombre de Luis cada vez es más habitual en los entrenamientos del primer equipo, e incluso en las convocatorias a los partidos. «He tenido una gran acogida en el grupo. Me llevo bien con todos, sobre todo con Ontiveros y En-Nesyri, a los que ya conocía desde el fútbol-base, pero también con Miguel Torres, Camacho o Charles, entre otros. Son jugadores que me han ayudado mucho porque me enseñan cómo funcionan las cosas, cómo mejorar... Y cuando una persona intenta ayudarte, tienes que escucharlo», argumenta el central.

El mundo del fútbol es incierto. Lo difícil no es llegar, sino mantenerse. Pero Luis tiene las cosas claras. «He luchado mucho por llegar hasta aquí y ten por seguro que seguiré haciéndolo para seguir creciendo como profesional», recalca, a lo que añade: «Ahora mismo sólo pienso en estar con mi familia y darles la alegría de poder jugar en Primera División para que se sientan orgullosos de mí».

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