Diario Sur
Malaga CF

a bocajarro

ENVIDIA SANA

Sentí envidia sana viendo el miércoles el ambiente en Mendizorroza. El Alavés, un recién ascendido y el equipo revelación del curso, jugará la final de la Copa por méritos propios. Su mayor poderío físico destrozó al Celta y se aprovechó de que su mitad del cuadro no hizo hueco a los cuatro mejores equipos del momento (Real Madrid, Barcelona, Sevilla y Atlético). Lejos de buscar autobombo alguno, ya lo advertí en estas líneas el pasado 17 de diciembre. «Todo es importante», se titulaba, al hilo de esa especie de pánico que le llega a los equipos por colmar su calendario de enero con partidos entresemana. La Copa volvió a pasar de largo por La Rosaleda, y esta vez el billete a la final estaba más barato. Según los sorteos, la hoja de ruta era Córdoba-Alcorcón (por ende, el Málaga favorito teórico hasta cuartos de final), Alavés y Celta. Hace dos años el Málaga desperdició otra oportunidad parecida, al ceder en cuartos frente a un Athletic en horas bajas (valió un dudoso gol de Aduriz) cuando le esperaba en semifinales el Espanyol. Se me hace la boca agua sólo con pensar el revulsivo que hubiera sido para el malaguismo una final de Copa. Lejos de ello, el cuadro de La Rosaleda ha sido el único de Primera que ha caído dos ediciones seguidas a doble encuentro ante otro de Segunda en dieciseisavos (Mirandés y Córdoba). Y claro no se juegan semifinales desde 1973...

Y vuelvo al Alavés. Por un lado destroza tópicos, con una docena de jugadores nuevos en verano, pero con un equipo bien armado desde el inicio por Pellegrino. Es el más vivo espejo del Málaga de Gracia de hace un año. Incómodo para el rival, solidario, ordenado, fiable, con estilo. Esto último es lo que no vemos este curso. Sea atractivo o no, no hay nada peor que un equipo sin estilo.

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