Diario Sur

Malaga CF

OJO DE HALCÓN

MÁS VALE NO FALLAR

Esta noche hay que acudir a La Rosaleda. Como diría 'Zapatones', el Málaga debe ganar por lo civil o por lo criminal. Otro resultado adverso pesaría como una losa y echaría por tierra el atisbo de reacción frente al Villarreal. El malaguismo está tan hambriento de optimismo que se conformó con el primer cuarto de hora y poco más en el estadio de La Cerámica como si el equipo hubiera dado una exhibición. Otra cuestión es que con lo que hizo (y, sobre todo, lo que le birló Bikandi) debió ganar a un rival que, dicho sea de paso, no está para tirar cohetes.

A la fuerza conviene mirar sólo hacia adelante. Y, sobre todo, olvidar la racha adversa. Como los jugadores pierdan un solo segundo en recordarla, la cabeza influirá en que las piernas no vayan, las dudas y los miedos se dispararán, la precaución se impondrá a la ilusión. Y el calendario no da tregua. Otro tropiezo obligaría a cambiar la dinámica en campos complicados (Ipurua y San Mamés) y a mirar definitivamente hacia abajo.

Habrá que confiar en este equipo nuevo que debe armarse desde el 'triángulo equilátero' (Luis Hernández-Demichelis-Camacho) y que comienza a recuperar efectivos. Habrá que confiar en que Romero acierte en cambiar la dinámica de los partidos y no haga variantes de hombre por hombre, aunque en las convocatorias parece lastrado por 'compromisos' (Ontiveros se ha quedado fuera cuando debe estar por delante de al menos tres convocados). Habrá que confiar en que mejore el nivel de acierto y en que José Rodríguez tenga mucha más presencia con el balón que sin él. Y en esta ocasión habrá que confiar en que los aficionados no se desesperen si ven al Málaga a merced de su rival, como si fuera el conjunto visitante. Las Palmas va a exigir mucho -más, si cabe, tras la bronca de Setién a sus jugadores- y además con resultados positivos a corto plazo puede quedar en terreno de nadie. Ahí es donde están las esperanzas de los últimos de la tabla, en toparse en la recta final con adversarios que den facilidades al no tener un objetivo en juego. Ese es el único peligro para salvarse. Por eso más vale no fallar hoy.