Diario Sur

Malaga CF

Keko vuelve por la puerta grande

Keko se marcha de Roque Mesa pese al intento de este de neutralizarlo.
Keko se marcha de Roque Mesa pese al intento de este de neutralizarlo. / Salvador Salas
  • Tras un calvario por sus problemas físicos, el extremo regresa a Eibar en su mejor momento en el Málaga

  • Bromista y muy cercano en el trato, el nuevo ídolo de La Rosaleda vuelve a exhibir las virtudes que lo encumbraron con las selecciones sub-19 y sub-17

Fue aquel Keko del Europeo sub-19 en Francia uno de los mejores futbolistas del torneo. Vertical, desequilibrante e incisivo. Precisamente las cualidades con las que recuperó la confianza en Albacete, triunfó posteriormente en Eibar y se convirtió el lunes por la noche en el nuevo ídolo de La Rosaleda. El extremo derecho madrileño volverá el sábado a Ipurua por la puerta grande, en su mejor momento como malaguista después de un calvario por una lesión el sóleo.

    Igual que a Keko le costó llegar, esta temporada también le ha costado asentarse en el Málaga. No son situaciones comparables –en el primer caso fue por verse deslumbrado por los focos, y en la actualidad, por las lesiones–, pero reflejan a la perfección la capacidad de superación del extremo madrileño.

    Tras brillar en las categorías inferiores de la selección, debutó demasiado joven en el Atlético de Madrid. Se le auguraba un extraordinario porvenir, pero las cesiones lo mataron. Probablemente tomó decisiones erróneas en la planificación de su carrera y probablemente también pensó que con las virtudes exhibidas de joven le valdrían para triunfar. Valladolid, Cartagena, Girona, Catania, Grosseto... Parecía que era un futbolista condenado a perderse, a quedarse, pero supo ‘ponerse las pilas’ a tiempo. Ganó en fortaleza y, sobre todo, ganó en confianza. Un par de actuaciones estelares pusieron patas arriba el Carlos Belmonte. Como La Rosaleda el lunes. En Albacete se sintió tan arropado, tan querido, que recuperó las sensaciones, la confianza, para tomar la iniciativa y exponer más con acciones ya casi olvidadas, aquellas que lo hicieron campeón de Europa en Turquía con la selección sub-17 o capitán en el torneo antes reseñado.

    De nuevo llegaron las ofertas, pero esta vez sí se pensó muy bien la decisión. Y de las distintas propuestas se inclinó por el Eibar, un club ‘familiar’, con una afición que destila cariño. Encima el entrenador que apostaba por él ya lo conocía, José Luis Mendilibar (ambos coincidieron en el Valladolid). La apuesta salió ganadora. Una inoportuna lesión en el sóleo fue el único contratiempo en una etapa en la que vivió la felicidad completa con el nacimiento de sus mellizos. Comenzaron a llegar las ofertas: el Stuttgart, el Málaga, el Sevilla... Probablemente sin esos problemas físicos no habría tenido opción la entidad de Martiricos, que ya lo pretendió en enero del año pasado.

    Sentirse querido

    Pero la oportunidad volvió a presentarse y ni Keko ni el Eibar la desaprovecharon. La oferta de cinco millones planteada por el Málaga satisfizo al club armero, consciente de que era una oferta irrechazable. Por su parte, el madrileño pidió informes sobre la ciudad y la afición, y ni lo dudó. Sabía que iba a sentirse querido. Y pudo comprobarlo el 25 de junio, cuando 2.500 personas lo arroparon un sábado en la presentación junto a Jony.

    A las dudas en el comienzo de la temporada se sumaron los primeros problemas físicos. Una cicatriz en el sóleo comenzó a darle la lata. Y lo que parecía cuestión de pocas semanas se convirtió en un calvario. Dos intentos fallidos de reintegrarse al grupo contribuyeron a generar un debate interno en el cuerpo médico sobre los métodos de recuperación. Probablemente sin la experiencia de decepciones anteriores, sin su forma de ser (es muy dicharachero y bromista, cercano en el trato) y sin su personalidad (aquella con la que irritaba a los técnicos de categorías inferiores del Atlético por tirar penaltis a lo Panenka) Keko no habría vuelto. Pero no se rindió. Ni se precipitó. Se puso como reto estar perfecto para enero.

    Atrás han quedado 12 jornadas en el dique seco. Tres meses y medio, que se dice pronto. En Pamplona fue un revulsivo en la segunda parte. «He acabado con la bombona de oxígeno», bromeó entonces. Pero él sabía que había vuelto. Y el lunes, después de tres semanas de rodaje, lideró al Málaga en la remontada. Encaró, se desmarcó y fue letal con sus internadas. Llega a Ipurua por la puerta grande, en su mejor momento, como el gran fichaje invernal para Marcelo Romero en la faceta ofensiva. Vertical, desequilibrante e incisivo. Como en aquel Europeo sub-19 de Francia.