Diario Sur

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FÚTBOL ESCRITO

Míchel y la ortodoxia

Tomada la decisión de prescindir de Marcelo Romero como entrenador del Málaga, alivia ver que la directiva opta por regresar a la ortodoxia en el manual de urgencias de clubes de fútbol. Ya ha concluido el experimento del uruguayo, a quien no se le discute su conocimiento del fútbol ni su amor por el equipo ni su incapacidad para transmitirle ideas y hacerlo funcionar. Hay miedo, sí, pero ahora es menor: Míchel atesora una carrera como técnico contrastada, sin éxitos espectaculares, pero con experiencia en cantera tras dirigir al Castilla; en equipos de zona media como el Getafe; de zona media-alta, como el Sevilla, y en conjuntos punteros en sus respectivos países, como el Olympiacos (a quien hizo campeón de Grecia dos veces) y el Olympique de Marsella en Francia. Nada que ver con un breve paso por el Alhaurín, que era el currículo de Romero antes de verse sentado en todo un banquillo de Primera División por la decisión discutible de Al-Thani. No ha sido el jeque un temerario en esto de fichar entrenadores: cortó a tiempo al inefable Jesualdo Ferreira y trajo a Pellegrini, que firmó las páginas más gloriosas del equipo. Luego aceptó a Schuster en una temporada complicadísima y acertó. Después vino Gracia: acertó también con él. Y la elección última de Juande Ramos era, a priori, una garantía, pero la cobardía del manchego y su huida temprana torcieron una temporada que estaba llamada a ser al menos tranquila. Se han desperdiciado diez jornadas con un técnico interino -nunca se especificó la duración del contrato del Gato- y sólo la incapacidad de los tres últimos ha evitado una situación grave. Míchel tiene margen para trabajar, siete puntos sobre el descenso; y buenos jugadores, capaces, a quienes debe reactivar y motivar. Ése será su cometido.