Diario Sur
Malaga CF

A LO PANENKA

Tengo miedo, mucho miedo...

Lo confieso: tengo miedo, mucho miedo... Pero no ahora. Creo que he insistido desde hace dos meses en que el equipo se estaba desplomando y en que la única esperanza era y es que los de abajo sigan en su línea. Lo he escrito hasta la saciedad, con plena convicción, mientras la mayoría miraba hacia otro lado. Entre ellos, lamentablemente, muchos en el club (lo que denota las carencias) y en el vestuario. El problema no son los puntos, sino la sensación de que con el calendario en la mano cuesta ver en el horizonte tres rivales a los que se les pueda ganar. Y menos mal que el denostado Juande, el que reclamó un delantero centro hasta la saciedad, el que advertía internamente de los problemas, el que no vio respaldada su autoridad, nos dejó con 21 puntos en 16 jornadas.

El Málaga es diésel. Es diésel como equipo, pero diésel porque cuenta con muchos jugadores diésel. Hoy por hoy demasiados futbolistas van trotando, no corriendo. Demasiados futbolistas son intermitentes. Demasiados futbolistas son incapaces de jugar al primer toque. Demasiados futbolistas quieren la pelota al pie. El Alavés es todo lo contrario: tiene jugadores intensos, que van de verdad, que juegan sin balón y que triangulan.

Debutó Míchel en el banquillo y vimos lo que debe ser un entrenador. Sin actuaciones a lo Emery, pero también haciendo los gestos justos. Nada de estar encima de los jugadores cuando están como están. Por ejemplo, le leyó la cartilla a José Rodríguez un par de veces en la primera parte (en el descanso lo debió de hacer de verdad), aunque por sus gestos a diversos jugadores da la impresión de que a las primeras de cambio ya se ha dado cuenta de que la mayoría no sabe de qué va este juego. Es decir, si hay que abrirse o no, si hay que progresar o no, si hay que tocar en corto o en largo, si hay que jugar más rápido o más lento...

La primera parte del Málaga fue una calamidad y se reflejó en la situación de Camacho y José Rodríguez. El equipo seguirá siendo un desastre mientras el primero sea el que se asoma al área en vez de estar en su sitio y piense nada más que en engordar su cifra de goles y en que se le vea mucho. Porque así luego llega tarde a todo, al corte y también por alto. Su compañero (ya lo adelanto, va a generar debate) estuvo escondido. Apenas asumió y precisamente en el 0-1 Demichelis tuvo que ceder a Kameni por la tendencia del valenciano a colocarse en una zona en la que no puede recibir. Tras el descanso fue totalmente distinto. Salvo cuando era interesante que subiera, Camacho estuvo por detrás y así las ganó todas por arriba. José Rodríguez, en cambio, sí intervino más. Lo que pasa es que no es eficaz. Juega muy lento y toca casi siempre en corto. Ni se asoma al área ni tira ni se incorpora al remate ni es eficaz en el pase al hueco. Esperemos que mejore en esto...

Míchel estuvo rápido con los cambios. Primero con Ontiveros y después con Juan Carlos. Keko estuvo desacertado en la primera parte (ese pelado en recuerdo de Pablo Ráez no le ha traído suerte) y Chory Castro no desborda ni una sola vez por su banda. Entró Ontiveros, que cuando deje de hacerlo bonito (o sea, de ser 'chupón' y de reincidir en el regate) será futbolista de verdad. Va a tener una ventaja: tiene cosas del Míchel jugador, así que el entrenador lo va a pulir.

Con la entrada de Juan Carlos por Torres vimos el estilo que le gusta a Míchel. Ya adelantamos el miércoles que tiene muy en cuenta el material del que dispone pero que, al mismo tiempo, prefiere a los laterales arriba y a los extremos por dentro. Fue muy evidente. Ontiveros y Chory pasaron a ser interiores mientras Rosales y Juan Carlos subían. Y así llegó el empate.

Si el Málaga no ganó, fue por su terrorífica falta de pegada. Mejor no insistir en lo que decía Juande... Falta demasiada calidad arriba. Vimos lo que pueden dar de sí Charles (una vez más) y En-Nesyri, al que desde dentro del club se quiso convertir en estrella cuando está muy, muy, muy verde. La realidad es que el equipo tiene un porcentaje de acierto aterradoramente bajo.

Demichelis falló estrepitosamente al sacar el balón y eso costó el 1-2. Fue el fruto de que el Málaga se precipitó y quiso celebrar el gol antes de marcarlo. El Alavés esperó. Tuvo una antes y en la segunda no perdonó. Al Málaga, con todas sus carencias, tampoco le sale nada. Por eso tengo miedo, mucho miedo. Y, como yo, mucha gente ya.

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