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Malaga CF

Basti quiere ser talismán

Basti pelea por el balón con el local Óscar en el Leganés-Málaga del 18 de octubre de 1998.
Basti pelea por el balón con el local Óscar en el Leganés-Málaga del 18 de octubre de 1998. / Sur
  • El único partido del Málaga Club de Fútbol en Leganés se saldó con victoria por 0-2 en 1998 gracias a sendos goles del paleño. El domingo, a petición propia, estará en Butarque

  • A comienzos de la Liga rechazó ir al Bernabéu y al Calderón y prefirió este viaje: «Es un campo que siempre se me dio bien; también marqué tres goles con el Abacete

El Málaga ha tenido muy buenos jugadores, pero pocos tan carismáticos como él. Basti es ahora Sebastián Fernández Reyes –así lo presentan en los numerosos actos a los que acude como representante de la Fundación del club–, pero será siempre Basti. A comienzos de la temporada le trasladaron desde el club la invitación para viajar a un encuentro de Liga y, lejos de pensar en los grandes estadios, su respuesta sorprendió: «Yo quiero ir a Leganés». Los recuerdos inolvidables de Butarque pesan en el paleño, que estos días está tan ilusionado como si se tratara de su primera convocatoria como jugador. «A ver si soy talismán», insiste.

Anda Basti siempre de aquí para allá junto a Lucas Rodríguez, coordinador de la Fundación y que a estas alturas es casi como un hermano, volcados en una sinfín de iniciativas sociales: «Estoy feliz, muy feliz. Los que me conocen lo saben. Es un sitio idóneo para mí. No sabe la satisfacción que uno siente cuando puede ayudar gracias a la Fundación a gente que lo necesita, a los comedores sociales, a chavales con problemas, a Proyecto Hombre... Simplemente con que una anécdota que cuentes sirva para hacer reír te llena de orgullo. Luego, además, con nuestra campaña Valores Blanquiazules estamos fomentando el malaguismo entre los malagueños. El otro día, por ejemplo, estuvimos con Luis Hernández en un colegio y él alucinó cuando vio a los niños cantando el himno del Málaga».

Basti no ha perdido un ápice de su sentido del humor, pero ya no es aquel chico tímido que contestaba con monosílabos. Por ejemplo, cuando relata sus dos goles en el único partido del Málaga en Leganés, con un triunfo por 0-2 en el que fue el protagonista absoluto. «El primero llegó en una jugada bonita de Catanha. Dribló a dos o tres contrarios y puso el balón entre los centrales. La pelota botó y yo esperé que bajara para empalarla y ponerla a un lado de Unanua. El segundo fue una combinación entre Ismael y Zárate. Este desbordó por la banda y centró, y ese sí fue más un gol de delantero a la vieja usanza. Metí el cuerpo, controlé con la derecha y me giré para golpear con la izquierda. Fue como un reverso de baloncesto: control, reverso y tiro», explica detalladamente.

El paleño tiene un recuerdo muy claro de Butarque, de las características de un campo desconocido para la mayoría de los hoy jugadores malaguistas. «El campo en sí es el mismo. Lógicamente, ha mejorado en alguna de sus infraestructuras como quiere LaLiga, pero tiene la misma grada y la misma visera. Al principio te da la impresión de pequeño porque tiene las gradas muy pegadas, como Ipurua en Eibar. De hecho, es de los que menos anillo tienen. Pero en realidad sus dimensiones son normales y el terreno de juego no es en absoluto pequeño. Sin embargo, como los aficionados animan mucho y están muy encima, sí parece más reducido», especifica Basti.

Junto a su mujer

El domingo (18 años, 5 meses y un día después de aquel 0-2), Basti repetirá en Leganés y estará en el palco. «Me hacía mucha ilusión, me apetecía volver allí. De hecho, está previsto desde hace mucho tiempo. Otros habrían querido ir al Bernabéu o al Calderón, pero yo ya dije que quería ir a Leganés. Para mí fue un partido importante aquel con el Málaga, porque yo venía de jugar en Tercera y Segunda B y, claro, marcar dos goles fuera en Segunda me caló. Lo hablé hace tiempo con mi mujer y allí estaremos. Además, es un campo que siempre se me ha dado bien, porque con el Albacete también marqué tres goles. A ver si repetimos esta vez y ganamos».

Pese a trabajar alejado de la primera plantilla, su ‘feeling’ con los jugadores es extraordinario. «Cuando se entrenan en La Rosaleda, antes de ir a las oficinas me acerco a verlos y a saludarlos. Tengo muy buena relación con ellos, con Camacho, Miguel (Torres), José (Rodríguez)...» Precisamente con este se siente muy unido. «Hablo mucho con él, porque somos los únicos jugadores del Málaga Club de Fútbol que somos gitanos de padre y madre. Para nuestra etnia es un orgullo que esto se produzca, porque es un reflejo para los chavales, para que sepan que, independientemente de la raza, se puede llegar a Primera División», apunta.

Ahora ha llegado como entrenador Míchel, del que Basti guarda también un recuerdo especial desde hace casi 20 años: «Cuando estábamos en Segunda B, en la temporada de Tolo (Plaza) e Ismael Díaz, Kelme me fichó para que llevara sus botas. Entonces, Míchel vino también y ambos firmamos autógrafos en una tienda de deportes. Mis amigos tienen fotos de aquello y siempre las enseñan. El otro día coincidimos de nuevo y estuvo en las oficinas. Es muy simpático y ha caído muy bien a todos. A ver si tenemos suerte con él».

Basti volverá el domingo a Leganés, su campo talismán como goleador en Segunda, y con la gran ilusión de que su presencia también sirva para ver al Málaga acabar con su racha negativa. «Yo ya lo dije en las oficinas: ‘Tranquilos, si voy, seguro que ganamos’». Un ‘fichaje’ para Míchel en la primera de las cuatro finales fuera contra rivales directos.

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