Diario Sur
Malaga CF

a lo panenka

Más nombres que mimbres

Ayer, durante la transmisión televisva, pudimos comprobar hasta qué punto en la Liga se sobrevalora hasta la saciedad a la mayoría de los futbolistas. Los elogios de los comentaristas chocan con la cruda realidad: el Málaga tiene más nombres que mimbres. Por eso, en apenas diez días, Míchel ya ha hecho su diagnóstico: «Las expectativas eran disparatadas al comienzo de la temporada». Sin margen en el tope salarial para traer a un delantero centro en condiciones, aspirar a Europa era una utopía. Ha tenido que venir alguien de fuera, ajeno al club y a esa corriente de ‘buenismo’, para certificar lo que algunos (pocos) venimos subrayando desde que empezó la temporada.

Al final el nuevo entrenador volvió al comienzo de la temporada. Entonces, Juande entendió que sin un ariete que dominara el área contrario era un lujo jugar con dos extremos, sobre todo si uno de ellos (Keko) no hace diagonales y se limita a desbordar y centrar. Ayer Míchel recurrió a Pablo como volante derecho pese a jugar con dos puntas. Quiso tener así más juego y también compensar mejor al equipo. Porque, no nos engañemos, se antepuso mantener la puerta a cero y con ello la presión no fue precisamente alta. Al menos, el objetivo de salir imbatido se cumplió. Pero no precisamente por el castellonense, puesto que no logró tapar las subidas de Diego Rico.

Escuché a Camacho hablar el otro día y no sé lo que entenderán los futbolistas por jugar bien. Desde luego, en lo que llevamos de temporada, con los tres entrenadores, el equipo no ha pasado de ofrecer buen fútbol en un partido más de 20 o 25 minutos. Esa es la realidad. Si el Málaga tiene tantos puntos es básicamente porque el primer técnico cambió la dinámica de varios encuentros en las segundas partes con las variaciones tácticas. De lo contrario... Ayer el equipo no brilló ni un cuarto de hora. Es incapaz de dar tres pases seguidos.

Llorente volvió al centro de la defensa y no desentonó, aunque tampoco es que el partido tuviera una exigencia alta. Es más, estuvo una pizca mejor que Luis Hernández, dentro de que la defensa estuvo muy protegida y con Juan Carlos casi sin subir. Eso sí, el defensa cedido por el Madrid regaló en la recta final un córner y una falta en la frontal. Le falta muchísima más maldad si quiere tener continuidad al máximo nivel.

Por delante, de nuevo, vimos muy poquito a José Rodríguez, lo que hizo que Camacho estuviera en todas las salsas. Hubo veces en que el alicantino incluso no ofrecía una línea de pase cuando se trataba de sacar el balón desde atrás. Ese fue uno de los males endémicos del Málaga en Butarque: perdió la batalla del centro del campo. José Rodríguez juega demasiado cómodo, en una ‘baldosa de seguridad’, cuando debe exponer mucho más. Si no es así, la continuidad en el juego del equipo no existe.

Es verdad que el Málaga está muy atenazado, que el rosario de resultados negativos pasa mucha factura, pero... ¿Se puede sacar menos rendimiento de las acciones a balón parado? No es que los centros fueran malos, es que ni se puede hablar de centros. Oel balón no se levantaba lo suficiente o, como ocurre con Sandro (especialista en la materia), se buscaba el golpeo directo. Por cierto, viendo lo que cuesta crear una ocasión, no estaría de más preparar mejor los saques de banda de Luis Hernández, y no que los lanzamientos se hagan por si suena la flauta.

Míchel recurrió al final a los extremos,,, pero con un solo punta. Era lógico que el técnico quisiera nadar y guardar la ropa. Keko y Jony podían generar más profundidad, pero también más lagunas defensivas. Por eso se decidió por situar a Pablo como segundo punta y hasta por introducir a Duda para evitar un correcalles. Así llegó la única ocasión, gracias a que el rival fijó toda su atención en los extremos y dejó centrar con tranquilidad a Rosales.

¿Y el Leganés? Le pone mucho empeño y su entrenador busca alternativas, pero tiene lo que tiene. Conviene valorar el empate de ayer en su justa medida, porque el presupuesto del Málaga y los sueldos de sus jugadores están muy por encima de los de su rival. Quizá lo mejor sea que ya todo el mundo le ve las orejas al lobo, incluidos los futbolistas. Toca arrimar el hombro y, como diría Schuster, «apretar el culito». De mimbres andamos justos.

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