Malaga CF

LAS COSAS DE CAÑETE

Bostezando, que es gerundio

Vamos a interpretar el 0-0 de Butarque. Lo primero y principal, que no le ha pasado ningún club en la tabla. Era el Leganés, precisamente. Pero el Sporting ha recortado. Va de apuntes. En una mañana soleada, radiante de sol, el primer tiempo no pudo resultar más coñazo. Tres cuartos de hora de un equipo gris, plúmbeo, el que anteayer vistió de oro y pena. Los locales corrieron más, chutaron mucho y mal y hasta disfrutaron de una ocasión que se ofrece en bandeja. Tito sólo tenía que empujar el balón un par de metros, pero llegó a destiempo y con el pie ladeado. El Málaga, eso sí, muy juntitos atrás. Y a los espectadores que no eran seguidores ni de uno ni de otro equipo, bostezando, que es gerundio.

Visto lo visto, en el intermedio Míchel introdujo varios cambios y el toma y daca entró por otros derroteros. Se utilizaron las bandas, Pablo empezó a respirar y mientras, José Rodríguez, lento como el caballo de un retratista de feria, casi siempre llegaba tarde y, por tanto, mal. De ir al choque, menos. En una y otra parte, Charles a lo suyo, a correr, correr y correr. Y cuando no, a protestar o a obligar al juez de línea a trabajar con sus habituales fueras de juego. Un detalle de lo más curioso. Durante el primer tiempo, Sandro apenas se vio. En la continuación, cuanto más cansado estaba, mejor jugaba. Fue sustituido, naturalmente. Como Chory Castro, que no está para muchos alargues de partidos. Al siempre firme Rosales, en esta ocasión Diego Rico lo trajo por la calle de enmedio, mientras Luis Hernández sigue demostrando que sus saques de banda crean más problemas al contrario que los córners de su equipo. Camacho, a lo Sergio Ramos, o el sevillano a lo Camacho. Cabeceó fenomenalmente, pero un tal Herrerín estuvo mejor, con un paradón para el recuerdo. Kameni, bien, con poco trabajo y con una brillante intervención. Al final, gafas en el marcador. Un puntito que no es mucho. De momento, sirve, vale.

El sorteo europeo de los cuartos de final de la Champions ha levantado suspicacias. Como casi siempre. Ahora se recurre al engaño de las bolas calientes. Ni pienso ni creo que pueda haber la más mínima posibilidad de amaño en estos emparejamientos. Por honradez, rectitud e integridad, estos sorteos me parecen fuera, lejos, muy lejos de toda duda. Ahora bien, también se han escuchado voces afirmando que lo de las bolas calientes no han existido. ¿Nunca? ¿Jamás? ¿De ningún modo? Repito, insisto y reitero que este sorteo ha sido legal de la 'a' a la 'zeta'. Sin embargo, no se puede negar que han existido fraudes en el juego de las bolas para marcar unos encuentros. Aunque usted, amable lector, no se lo crea, 'haberlos, haylos'. En el Torneo Costa del Sol, que ya he comentado en alguna ocasión, en más de un certamen, se hizo trampa. Y no con bolas calientes. Sino con esferas frías, heladas. Se colocaban en un frigo y se llevaban al escenario minutos antes del sorteo. Más adelante, las manos 'inocentes' sabían lo que tenían que hacer. Por más que indagué para conocer dónde y cuándo se eligió este modelo, no obtuve respuesta. La práctica de estos chanchullos tenían su historia, que desconozco.

Álvarez fue jugador malaguista en los años 70. De extraordinaria clase, pero ciertamente miedoso. Sus presencias en la banda derecha eran presagio de alguna genialidad, pero tampoco se podía descartar verlo desconfiado, sin disputar balones a los que llegaba con ventaja. Futbolista de 'altos y bajos', es recordado en La Rosaleda. Entre millares de seguidores blanquiazules existía unanimidad al valorar muy bien a este malagueño-cordobés nacido en la provincia de Jaén. No llegó a la figura en el fútbol español porque no se lo propuso. O no podía. Pusilánime, en más de una ocasión manifestó que él no era medroso. Tenía su argumento: «Físicamente soy débil. Lo único que tengo potente son las piernas. Reconozco que soy precavido porque en cualquier choque llevo las de perder». Simpaticón, sincero y con su peculiar acento cordobés, arrastraba las eses. Como en un par de partidos en los que se dirigió al entrenador, al temperamental Marcel Domingo, para que lo relevara: «Míster, noto un 'pinchassillo' en el muslo». Y la inmediata respuesta del técnico: «Un 'tironssillo', ¿no? Vas a seguir jugando hasta que se te caiga la pierna». Por cierto, vamos con la otra cara de la moneda. Con el Barcelona en el campo de Martiricos, en un contragolpe le dio dos quiebros a Gallego -central de los más fuertes de entonces- con los que le 'partió' la cintura. El barcelonista cayó y tuvo que retirarse lesionado. Otro botón de muestra de 'Alvarito'.

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