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Malaga CF

Míchel: «El año que viene voy a estar yo, y algunos jugadores con contrato saben que tienen que espabilar en estos dos meses y medio»

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El técnico madrileño, en su despacho del estadio de atletismo. / Foto: Salvador Salas | Vídeo: S. Salas, Pedro J. Quero

  • «Para la temporada que viene tenemos alternativas para que, con la base que hay, hacer un equipo bueno», afirma el entrenador

El diagnóstico de la situación del Málaga parece claro para Míchel, aunque el nuevo entrenador, en una larga entrevista con este periódico, analiza todos los pormenores del equipo blanquiazul y también apunta dónde pueden estar las soluciones. El preparador madrileño, que precisamente hoy cumple 54 años, también hace un llamamiento a los futbolistas, que deberán mejorar su rendimiento en lo que resta de temporada. El técnico se muestra contundente en sus afirmaciones y confiesa cómo está actuando en las dos semanas que lleva al frente del banquillo del conjunto de Martiricos. En su despacho en el estadio de atletismo, con unas espectaculares vistas, subraya que existe material humano y futbolístico para remontar el vuelo.

–Después de dos semanas en Málaga y dos partidos disputados hasta el momento, ¿cuál es su diagnóstico sobre la situación del equipo?

–Creo que estamos todos de acuerdo, más allá de que haya llegado un nuevo doctor y que tenga su propia manera de diagnosticar. El problema ahora es la medicación que se aplica y cómo la toma el paciente. Coincidimos en que hay una buena plantilla, pero los objetivos o metas del principio de temporada fueron un poco descabellados, y también estamos de acuerdo en que el material humano y futbolístico es suficiente como para ser realistas a la hora de afrontar la situación que tenemos, y no pesimistas. Dicho eso, al analizar cómo nos entrenamos y cómo jugamos, está claro que existe una situación de estrés. Nosotros trabajamos, según el diagnóstico, para mejorar, y los jugadores responden bien, pero el problema es la transferencia a la hora del partido. Empiezan ya a pensar en los resultados. Trabajamos para que los futbolistas se expresen como son, y entonces todo puede ser diferente.

–Hablaba recientemente de que los objetivos del equipo eran disparatados y ahora afirma que eran descabellados. ¿A qué puede y debe aspirar un equipo con 70 millones de presupuesto y que la campaña anterior fue octavo de la Liga?

–Eso es, a partir. La idea es partir desde el noveno o el octavo, y desde ahí para arriba, pero no empezar por el sexto y desde ahí, para abajo. Se mejora desde un punto de partida. Uno queda octavo o noveno, pero al año siguiente el Málaga es distinto, como muchos clubes que están en esa situación. Entre el octavo, que no se mete en Europa, y el decimosexto puede haber cinco puntos de diferencia. El objetivo se cumple desde el principio y en el día a día, pero se consuma al final. Se empieza con cero puntos, ese es el punto de partida. Otros muy fuertes comienzan ya con la seguridad de que va a sumar puntos. Pero si no se compite, no se llega a los sitios.

–Hay muchos jugadores en el equipo con experiencia, que no deben sentirse presionados en circunstancias como esta. ¿Qué les pasa entonces?

–Esto pasa a los futbolistas en todas las épocas. Algunos jugadores se pueden sentir a gusto en un club cualquiera, pero vienen de equipos más pequeños que el Málaga y, al llegar aquí, se dan cuenta de que hay una ciudad, una afición y una tradición, y eso hay que soportarlo. Y cuando un futbolista no lo soporta, por mucha calidad y prestaciones que tenga, no rinde. Ahí se encuentra ya la cabeza de los jugadores. La historia está llena de fichajes de gran nivel que llegan a nuevos clubes y se achantan, se hacen más pequeños. Cuando uno se mete en La Rosaleda, sabe que no es cualquier cosa. Y eso afecta. Y si les dicen que tienen que estar en la UEFA (Liga Europa)... Tengo la experiencia en el Getafe de llegar a la UEFA sin que fuera su objetivo prioritario, pero no pensándolo desde el principio; así es imposible. Hay que ser realista.

–Al comienzo de temporada, en la confección de la plantilla, faltó la llegada de un delantero goleador. ¿Cree usted que ahora también es prioritario?

–En mi análisis personal, no creo que la gran carencia de este equipo sea el delantero centro. Pienso que todo tiene más que ver con esos objetivos y la confección del equipo. La plantilla, para mí, es buena. Una de las cosas que me ilusiona mucho es hacer la planificación con la dirección deportiva, porque hay una base muy buena. Pero todo no se centra en el delantero, porque no hay muchos equipos en la Liga que tengan mejores delanteros que nosotros. Lo primero que hay que conseguir es que el equipo sepa competir y que se marque los objetivos fundamentales: tener un bloque sólido y que consiga jugar bien. Luego ya nos iremos marcando nuevas metas. Más allá de estar séptimo, octavo o noveno hay que consolidar una idea y desarrollarla. Y claro que estamos ya pendientes de quién se va o quién se queda para la temporada que viene, porque eso es así. Es inevitable, y todo está rodeado de finanzas. Ya sé que el año próximo igual me quitan a un par de jugadores, pero lo importante será que tengamos los repuestos con ese dinero que vamos a recibir.

–Tomando como ejemplo el último partido, el Málaga estaba atascado en el primer tiempo, pero luego mejoró y acabó reaccionando al final. ¿Estas sensaciones marcan un poco un cambio de mentalidad?

–No lo sé, pero sí es la demostración de que, haciendo el mismo trabajo, el equipo se soltó en el segundo periodo. Y también es la comprobación de que son los jugadores los que nos van a sacar de esta situación, porque tienen cualidades. Tanto contra el Alavés como ante el Leganés, las consignas eran las mismas en las dos partes. Le dimos mucha importancia en Leganés a la posesión del balón, pero no para pasar el tiempo, sino para colocarnos y atacar. Y no fuimos capaces de dar ni tres pases. Así es imposible. Luego en el descanso, les dije a los jugadores que más allá de detalles tácticos parecía que los de azul y blanco se jugaban algo y que nosotros habíamos ido de visita folclórica. Por eso digo que es una situación de estrés, porque ellos saben lo que tienen que hacer, y lo hicieron en la segunda parte, al menos, para tener otra cara, estar en el partido y contar también con opciones de ganar. Como pasó antes contra el Alavés.

–Dadas las circunstancias, ¿cuál es el camino a seguir ahora?

–Si me pudieran permitir darles una cualidad a los jugadores, algo que no existe, les trasladaría la calma y la tranquilidad que yo tengo, porque veo que hay material. Y que con eso consigan confianza y seguridad. Estoy convencido, la sensación del equipo será distinta cuando gane un partido. Porque en dos partidos sólo hemos conseguido un punto y nuestra posición es la misma. Es decir, para los de abajo también es difícil sumar. Es una situación de estrés muy alta. Cuando llegué al Getafe, estaba el equipo a un punto del descenso, y perdimos el primer partido en Mallorca, y nunca entramos en descenso. Sabíamos que al final íbamos a ganar algunos partidos. A Osasuna le quedaba el Sevilla, Barcelona y Madrid, y empató uno y ganó los otros dos. Mi experiencia me hace pensar que debemos estar tranquilos, porque de otra forma es imposible desarrollar nada. Porque los que lo sufren son los jugadores.

–Tiene que hacer más de psicólogo.

–Cuando faltaban diez minutos para el descanso, el otro día pensaba si la vena se me tenía que hinchar mucho o no en el vestuario. Y pensé que, si era muy grande, alguno se iba a hacer más pequeño. La gente creerá que debo darles caña, pero no sé si a los hijos se les enseña con palos o si hay que utilizar también zanahorias. Este es el mismo caso. Siempre digo que cuando hacemos el curso de entrenador nos tendrían que aleccionar más para ser buenos psicólogos que para la táctica o la estrategia. Hay un dato curioso también, que se lo he dicho a los jugadores: nosotros no somos tan buenos como para haber acertado en los seis cambios, y algunos de esos jugadores estuvieron en las dos situaciones. Por eso digo que los entrenadores no somos tan listos. Ahí pasa algo con los jugadores.

–Los entrenadores no son partidarios de las quinielas para el futuro, pero en este caso quizás pase gran parte de la tranquilidad por el choque contra el Atlético de la semana que viene, sin mirar más lejos.

–La clave es el Málaga, no los rivales, si conseguimos que nuestro equipo se sienta responsabilizado. Y hay una diferencia en la responsabilidad entre las primeras y las segundas partes.

–A las primeras de cambio ya ha habido movimientos en el equipo, como la salida de Demichelis. ¿Habrá más novedades?

–Habrá movimientos todas las semanas, porque hoy he hablado con dos jugadores más, e incluso les hablo del futuro. El año que viene voy a estar yo, y voy a dar mi opinión, aunque la responsabilidad a la hora de hacer la plantilla sea de la dirección deportiva. Y algunos jugadores con contrato saben que tienen que espabilar en estos dos meses y medio, porque, de lo contrario, daré mi opinión, y la dirección deportiva decidirá. Es así. La comodidad no existe para ninguno, y no pretendo volver a ver los partidos desde el sillón de mi casa. Los quiero mucho, pero hasta el límite en el que tengo que decidir, y habrá más movimientos cada semana. Vamos a buscar soluciones en cada jornada, porque el equipo no tiene un patrón de comportamiento ni una base sólida como para que nos confiemos. Ellos están encantados, con cualquiera que hablan, y no sólo conmigo, que me harán la rosca. Nosotros nos equivocamos mil veces, pero no les engañamos nunca. Les decimos lo que vemos. Porque hemos pasado por ahí y nos gustaba que nos comentaran las cosas. Y porque vengo de una generación en la que el entrenador nunca tenía la culpa. Si yo comentara que el equipo está mal en algún aspecto del pasado sería una injusticia para Juande y para Marcelo Romero, y en eso soy muy corporativista. Esto lo van a sacar los jugadores, no el entrenador que ha venido.

–¿Por su pasado lo miran los jugadores de otra manera, con un mayor respeto?

–Eso dura dos minutos. Yo no me veo a mí. Hablo igual a los jugadores, aquí, a mis hijos y a mis amigos. Fui futbolista por vocación y también soy entrenador por vocación. Podría estar en mi casa en el sillón, pero me encanta el estrés, la competencia o los nervios, y sólo tengo un minuto de duda y me pregunto «¿Qué haces aquí?», pero es algo que me encanta. No queremos sólo que se entrenen bien, sino que vivan como futbolistas. Hay que tener una vida ordenada, acorde con lo que demanda este club. Eso se hace en pretemporada, pero hasta ahí tenemos que estar poniendo baldes. Somos muy tolerantes con el fallo, pero intolerantes con la actitud. Hay que hacer lo que tengamos que hacer. Decimos las cosas y se las demostramos.

–Conoce ya al jeque y a casi toda la gente del Málaga. ¿Qué opinión tiene ahora del club?

–Me parece que tiene una estructura y una infraestructura de gran nivel. Creo que la parte de la cantera tiene mucho orden; con la llegada de Casanova y Arnau se hicieron unos cimientos muy buenos, y el club está ordenado, pero el departamento más importante está dos pisos más abajo, que es el de los jugadores. Esos son los que tienen que entender que todo esto se les pone para ellos, pero que ellos tienen que arrastrarlo todo. No pueden seguir viviendo como un club de Champions si no nos lo ganamos.

–¿Conocía la ciudad?

–Sí, sí. La semana anterior a fichar por el Málaga tuve ofertas de otros equipos, pero la oferta que esperaba era esta. Cuando supe que Javi Gracia se iba, mi objetivo prioritario era que me fichara el Málaga. Pero decirle a Juande que no es una tontería... Ytuve que esperar.

–¿No se lo pensó mucho entonces?

–La primera opción que tenía para venir al Málaga llegó el lunes a las seis de la tarde, y les pregunté si ya no tenían entrenador. Estaba viendo el Athletic-Málaga y me sonó el teléfono, y al ver la procedencia dije que no porque sabía que, estando la situación como estaba (en el Málaga), algo podía pasar. Comenté que iba a reunirme al día siguiente con un club, cosa que era mentira. Pedí tiempo...

–¿La situación que se ha encontrado es distinta a la que esperaba?

–No, para nada. El otro día me preguntaban que si un punto era suficiente, y dije que esperaríamos hasta el final de la jornada. Y, por ejemplo, se ha metido el ‘Depor’ otra vez.

–¿Qué le pareció la afición de La Rosaleda ante el Alavés, en una situación muy complicada?

–Fue algo que esperaba. Por la calle no me dice nadie «A ver si descendemos». Es indiscutible que todo el mundo pretende que ganemos, aunque cada uno tiene su opinión sobre los jugadores, el entrenador... Pero todos son malaguistas y quieren que estemos donde tenemos que estar.

–¿Qué mensaje lanzaría?

–Es tan sencillo como decirles que yo me he encontrado un equipo hecho. Van a apoyarnos, seguro, para intentar ganarle al Atlético.

–Está centrado en esta campaña, pero, salvo catástrofe, cuenta con contrato para la próxima temporada. ¿Tiene algo ya en mente?

–Sí. Estamos trabajando ya sobre ella, pero desde el primer día. Mientras los jugadores están en su casa descansando nosotros seguimos trabajando. Estamos siempre en contacto con el club, porque no se trata de que yo tenga una idea, sino que los clubes debemos adaptarnos a unas exigencias económicas, y que a última hora también te pueden fichar a algunos jugadores. Lo importante es que tenemos alternativas para que, con la base que hay, hacer un equipo bueno.

–Siempre dijo que era un entrenador que se adaptaba a lo que tenía.

–En ese sentido no me asusta nada. Estuve en el Olympiacos, donde nos quitaban siempre a tres o cuatro jugadores, o en Getafe, donde vendíamos por valor de 30 millones cada año. Hay que construir, pero lo importante es tener las piezas.

–Entendemos que su modelo se basa en un fútbol creativo, por lo que sería más partidario de Guardiola que de Mourinho, pero este deporte sigue evolucionando, cambiando.

–A Guardiola y a Mourinho los querría ver yo aquí... Claro que tengo una idea de fútbol creativo, pero tenemos que competir. En Málaga no se entiende el fútbol de otra manera. Aquí hay una idea de fútbol a la que hay que adaptarse y que es compatible con mis ideas, perfectamente. Cuando veía al Málaga de Champions no sólo me gustaba a mí, sino a la afición y a Europa entera.

–¿Como jugador le marcó alguno de los entrenadores que tuvo?

–Algunos, pero por diferentes circunstancias. Para mí los entrenadores eran culpables de mi evolución, pero no de mi involución. Tuve técnicos muy buenos como Amancio Amaro, que me subió al primer equipo, confió en mí y me dio una oportunidad; Leo Beenhakker, que era un innovador en el fútbol español, con grandes avances en la táctica, o a Luis Molowny, que tenía una gran psicología... De todos he aprendido mucho, incluso de lo malo. Pero he tenido la suerte de tener técnicos buenos.

–¿...Y en qué equipo estuvo más cómodo como entrenador?

–En los que he podido construir, y eso ha sido en el Getafe y el Olympiacos. Porque en los demás sitios llegué en situaciones complejas, como en Sevilla, que era inestable, y no digo nada en Marsella, donde hay muy buena gente, pero un presidente que vivía a su manera... Me encantan los sitios donde podemos construir. Por eso no me da miedo de que se lleven jugadores, porque habrá recambios.

–Coincide en que en su etapa de jugador era más chuleta que ahora. ¿Qué ha cambiado?

–Era chulo, rebelde... Soy igual, pero la cantidad de hostias que se lleva uno... Cuando eres futbolista pasas a un estatus social, económico y de popularidad para lo que no estás preparado. Y te crees la bandera, el estandarte, de algo que no existe. Soy exactamente igual que como jugador. De puertas para afuera, para la gente que no me conoce, soy chulo, rebelde, egocéntrico... y de puertas para adentro es difícil encontrarse a entrenadores o compañeros míos a los que no los haya ayudado. Tengo muchos amigos en todos sitios. De mí siempre se ha hablado mejor en los vestuarios que en otros sitios.

–A usted le gusta hablar más de fútbol que de futbolistas. No sé si se ve reflejado algo en Ontiveros.

–No, yo creo que Ontiveros es un producto de la naturaleza. Es un tío salvaje. Yo me tuve que adaptar, porque era un centrocampista, era Busquets, y de repente tuve que ser extremo. Y sin embargo Ontiveros es salvaje, un tío que hace cosas imprevistas, incluso como la ‘cuchara’ del otro día (ante el Alavés). El tema está en él. El creador de todo esto, que no sé quién ha sido, le dijo: «Usted va a ser rápido, potente, hábil, va a tener calidad, le va a pegar al balón, va a jugar en la derecha y en la izquierda...». Pero no sé qué es lo que tiene en la caja de cambios (se toca la cabeza). Y eso es lo que tenemos, esa iniciativa. Esa idea de hacer a veces lo que le da la gana no se puede frenar, pero entendemos que todo eso debe utilizarlo en situaciones donde salga beneficiado. Ahí está el jugador, que quiera hacernos caso a nosotros o al entrenador que tenga en el futuro, o que quiera hacer caso a su duende. Pero el duende también tiene que alimentarse. Todos conocemos a muchos duendes que van por la calle ahora... Yo me veo más reflejado en Pablo Fornals. Tuve que jugar en la banda porque los que estaban en el centro eran muy buenos. Y entonces dije: «O te adaptas ahí y te pones a hacer cosas que tienes que hacer para participar o, si no, en este equipo no juegas».

–Ya es del Málaga, aunque es obligado hacerle alguna pregunta sobre el Real Madrid. ¿Tiene la idea o el objetivo de ser algún día entrenador de ese equipo?

–No. Vamos a ver, es que ni siquiera pienso en ello. ¡Anda que está la cosa como para dispersarse! (se refiere a la situación del Málaga). Yo no pienso en ello. Ahora mismo la gente que me conoce sabe que digo la verdad: me gustaría estar aquí mucho tiempo, muchísimo tiempo. Porque eso significaría que esa idea de la que estamos hablando de tener una base e ir creciendo y construyendo haría al Málaga un equipo acorde con las posibilidades que tiene. ¿Por qué no nos podemos mirar en la estabilidad del Villarreal o en la de otros equipos si hay para eso y para más? Pero hay que tener una base, unos cimientos. Si vamos a estar cambiando todos los años, difícil. Conmigo y ‘sinmigo’ (ríe).