Diario Sur

Malaga CF

¿Por qué Míchel se ve reflejado en Pablo?

Fue Johan Cruyff el que un día insistió en la necesidad de que el entrenador sepa distinguir entre un futbolista normal y el futbolista que conoce bien el juego. Cuando Míchel llegó al Málaga, lo hizo evidentemente con una idea preconcebida de la plantilla. En su paso como analista por diversos medios de comunicación siempre ha demostrado que es un ‘enfermo’ del fútbol y que ve muchos partidos. Lógicamente, en función de esa impresión previa que tenía de los componentes del equipo blanquiazul, y ya en el día a día, ha podido constatar que en algunos casos había acertado y en otros no tanto. Y entre los primeros figura un caso en particular: el centrocampista Pablo.

En la entrevista con SUR publicada el jueves, la primera concedida por el madrileño desde su llegada al cargo de entrenador del Málaga, no tuvo reparos en confesar que él se veía reflejado en Pablo. La razón es sencilla: Míchel también fue un futbolista que debió afrontar una reconversión. Comenzó como centrocampista y acabó actuando en la banda, como un extremo de gran precisión en los centros. En la conversación con este periódico llegó a sugerir que en sus comienzos era «un Busquets», probablemente porque en los juveniles del Real Madrid y en el Castilla deslumbró por su capacidad para asociarse y por hacer el fútbol más sencillo a los demás compañeros.

Todo parece indicar que Pablo deberá acometer un proceso similar. Resulta curioso escuchar a tantos comentaristas de medios nacionales elogiar sus virtudes como centrocampista, como elemento indispensable para el corazón del equipo, cuando ninguno de los cuatro entrenadores con los que ha coincidido el castellonense (Gracia, Juande, Romero y el propio Míchel) le ha dado continuidad ahí y, sobre todo, cuando todos han coincidido en buscarle otra ubicación. La única excepción fue esta temporada, en la primera vuelta, cuando Juande tuvo que recurrir a él debido a las bajas de Recio y Kuzmanovic. Al joven futbolista le pasó factura su escaso físico, lo que suponía una inferioridad a la hora de chocar y de contener en una competición tan exigente.

Pero Míchel lo tiene claro y en realidad le da igual la posición en la que juegue Pablo. Por encima de todo, quiere que esté cerca del balón y que participe, ya sea como falso extremo o como teórico medio punta. El técnico suele recalcar entre sus más cercanos que el castellonense «es inteligente, es un esponja» y pretende que sea una pieza clave en el juego del Málaga, en su dinamismo, en su circulación.

Porque Míchel lo que valora de Pablo es precisamente aquello de lo que hablaba Cruyff, la capacidad para entender el juego, una cualidad que es cada vez menos común entre los futbolistas. El técnico malaguista quiere pulir al castellonense porque considera que gracias a esa virtud y a su afán por mejorar puede ser un futbolista muy interesante. Al fin y al cabo, esa destreza para interpretar el juego en cada momento es con toda seguridad el principal argumento del hijo del entrenador, Adrián. De ahí la polivalencia de este. Como puede ocurrir (y de hecho ya ocurre) con Pablo...