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Malaga CF

Veinticinco años sin el genio de Fuengirola

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Esteban, Salguero y Pineda, con históricas imágenes de Juanito en el Málaga. / Álvaro Cabrera

  • SUR reúne a los malagueños Esteban, Salguero y Pineda, que coincidieron con Juanito en diversas etapas, para recordar la figura del mito

Veinticinco años después, la figura del mito aún crece. Unos malditos troncos y un camión en el arcén segaron la vida de Juan Gómez, el irrepetible Juanito, cuando dormía en el asiento del copiloto en Calzada de Oropesa (Toledo). Volvía de Madrid, de ese Bernabéu que aún lo recuerda en cada minuto 7, a Mérida, donde ya despuntaba como entrenador. SUR reunió el miércoles a tres malagueños que fueron sus compañeros y, además, en etapas distintas. ‘Boquerón’ Esteban lo hizo primero en la selección («en los Juegos de Montreal; él iba del Burgos y yo del Málaga») y luego en aquel ‘Supermálaga’ que lideraron. Junto a él, Pineda, durante cinco temporadas en el Real Madrid y una en el Málaga, y Salguero, en seis campañas con la camiseta del equipo blanco. Nadie mejor que ellos para analizar todas las aristas de un personaje inigualable, para lo bueno y lo malo, y también de una persona muy desconocida, desprendido y servicial.

Ustedes, Pineda y Salguero, coincidieron con Juanito en el Madrid. ¿Hasta qué punto les influyó?

Pineda: Él fue un padre para mí.

Salguero: A todo el que llegaba lo acogía. Recuerdo que una vez en el vestuario, con gente importante, dijo: «Eh, que este es de mi tierra, que este es malagueño». Era un protector.

¿Fue Juanito el primer personaje en el fútbol español?

Esteban: Sí. En los Madrid-Barcelona él siempre encendía la polémica. Era el que marcaba la filosofía del partido en lo extradeportivo. Hacía declaraciones que podían llamar la atención de todo el mundo. Ahora sería la rehostia. Y como jugador no sabías por dónde iba a salir. Futbolísticamente no voy a descubrirlo, porque los que tuvimos la suerte de convivir y de jugar con él lo sabemos. No me quedo con lo malo y siempre quiero recordarlo como lo tuve aquí. Ahora lo estoy viendo como si estuviera sentado con nosotros. En el Málaga pasó lo mismo que cuentan Paco (Pineda) y Pepe (Salguero). En el vestuario el que ponía los puntos sobre las íes, el que tomaba decisiones, era él. Lo llevaba dentro. Y en el campo era el que se quejaba al árbitro, el que se metía con el entrenador... Tenía un carácter impresionante.

Pineda: Yo vi el homenaje a Pirri, el de Velázquez, el de Amancio y jugué el de Juan con los veteranos. Y yo no vi nada parecido al homenaje a Juan. El respeto en el Bernabéu no lo había visto en los otros homenajes. Al final el Bernabéu aceptó a Juan como era. Y también había envidia por no ser como Juan, porque te decía las cosas a la cara, no iba por detrás. Yo me peleé muchas veces con Juan, pero luego te cogía y salías con él. No tenía dobleces.

Habla de salir con Juanito. ¿Se le respetaba tanto?

Salguero: Era un poco como en el campo, el protector. Hablaba antes ‘el Boque’ (Esteban) de que Juan fue el primer personaje en el fútbol y yo coincido. Hubo jugadores muy importantes en esa época, no nacionales, pero no como él. Nos amparaba. Quiero destacar una cosa muy importante: la gente piensa que esos impulsos que tenía no los podía controlar y que era por su forma de ser. Pero él meditaba las cosas muy bien. Lo que pasa es que, cuando tenía que tomar una decisión no analizada, sí era imprevisto. Pero era muy metódico en la forma de ser o de pensar, salvo cuando saltaba la chispa. Incluso, analizaba los partidos antes de salir al campo y nos decía: «Vamos a jugar de esta forma, así y así...». Quiero decir que planteaba las cosas pensándolas fríamente.

Pineda: Bueno, salir... Lo normal que hace la gente joven. Yo tenía 20 o 21 años. Cuando él salía, lo hacía como una persona normal, como todos lo hemos hecho, a tomar una copita...

Salguero: Es que hoy en día hay ‘selfies’, móviles... Entonces no. Pero desde luego si hubieran existido, Juan habría estado a la cabeza...

¿No creen que se conoció mucho a Juanito, pero no a Juan Gómez?

Pineda: Juan era una persona excepcional. Yo he visto a Juan en Madrid, en el hotel, y llegar gente por entradas. A él le costó el fútbol lo que no hay en los escritos. Miles y miles de pesetas. Llegaba el amigo del amigo del amigo y le sacaba dos entradas (que las pagaba él).

Esteban: En la época en que estuvimos en el Málaga hubo un momento en el que intentaron enfrentarnos, pero nosotros nos llevábamos de cine. Desayunábamos todos los días en la misma cafetería. Él venía de su casa (en Cerrado de Calderón) y nosotros veníamos de Vélez con toda la pandilla, Azuaga, Antonio (Hierro)... Por mucho que tú le dijeras, él tenía su forma de ser y no iba a cambiar. Si tenía que dar mil pesetas a una persona, se las daba aun sabiendo que no las iba a recuperar. Yo siempre le decía: «Juan, ándate con cuidado. Está bien que un día des mil pesetas, otro 500... Pero es mucho dinero y al final del mes supone un montón de dinero. Y además se lo das a gente que tú sabes que a lo mejor no lo necesita para esto». Pero él decía: «Sí, pero, ¿qué quieres que haga, Boque?» Era imposible de cambiar. Para mí Juan no está muerto. Está vivo y lo tengo en mi cabeza. Recuerdo esa cafetería, las bromas, cómo entraba en el vestuario... Es que eso era para vivirlo.

Pineda: Daba miedo...

Esteban: Es que entraba al vestuario y había que salir, porque un día te entraba con una caca en la mano, otra te hacía no sé qué...

Pineda: O se sacaba un moco y te perseguía por todo el vestuario...

Salguero: Eso es en el día a día. Imagínate en una pretemporada, donde estuvimos 25 días en Cabeza de Manzaneda, y no había forma de quitárselo de encima. Con las bromas al final te reías, pero al principio decías: «Yo me quito de aquí...»

Esteban: Yo, cuando lo veía entrar, siempre decía: «A ver qué nos trae hoy». Y todo el mundo salía corriendo... Él tenía sus ratos de broma, pero en el fútbol era muy serio. Si Juan hubiera estado hoy entre nosotros, habría sido uno de los mejores entrenadores del mundo.

Pineda: Se tomaba muy en serio el fútbol. Una cosa es que te diviertas y el ‘jijijaja’, pero debes separarlo de cuando sales al campo. Y él lo hacía.

Al final siempre se habla del Juanito motivador, del espíritu de Juanito, el del túnel de vestuarios... Pero tácticamente veía el fútbol de cine.

Salguero: En el Madrid, antes de la charla del entrenador, nos reuníamos y él, junto a otros compañeros muy cualificados, aportaba más detalles.

Pineda: Coincidieron Del Bosque, Camacho, García Remón, él... Todos ellos iban para entrenador. Y por eso tenían la potestad de cambiar un sistema, un marcaje. Incluso en el paseo después de comer ya iban analizando detalles del partido.

En el Málaga se vivió con Kubala. Se decía que el entrenador era él...

Esteban: El entrenador no era Juan, pero es cierto que después de entrenar durante la semana los que teníamos experiencia hablábamos entre nosotros. Kubala también nos consultaba si tenía alguna duda.

En aquella etapa llegaron a jugar juntos tres de ustedes, pero Salguero lo tuvo enfrente.

Salguero: Sí, y me resultó un poco raro, un poco anormal. Pero en el campo no recuerdo que él tuviera un enemigo fijo, de decir: «Voy a por este». Él no se la guardaba a nadie. Tenía ese momento, como todos, de que si le golpeaban iba a buscar al que fuera. Pero no era un futbolista de rencor.

-Pineda: Si se cabreaba conmigo más que con los contrarios... Me llamaba de todo, de ‘hijo...’ para arriba. Y como lo conocía y sabía cómo era... Luego salíamos juntos del vestuario.

Genio y genialidad.

Pineda: Tenía la capacidad esa de inculcarte el carácter ganador, el salir a un campo haciendo gestos, esas miradas a los contrarios en las escaleras antes de salir al Bernabéu...

Esteban: Sin duda, tenía genialidad. Lo demostraba en los entrenamientos y en los partidos. Yo siempre digo que cuando un futbolista destaca sobre los demás es porque hace cosas que tú no haces. Y eso lo tenía Juan. Era habilidoso, golpeaba muy bien el balón, tan pequeño como era metía goles de cabeza... Era muy listo. Y en situaciones de campo, en los momentos clave, sabía dónde tenía que estar y dónde recibir el balón para crear una jugada de peligro. En Segunda, con el Málaga, nos paseamos porque teníamos un muy buen equipo, pero también porque teníamos a un genio con una genialidad impresionante.

Salguero: Además de listo, era pícaro. Esa picaresca lo llevaba a ser imprevisible y a ser distinto.

Pineda: Juan tenía eso de ser jugador de calle.

¿Y cómo vivió aquel ascenso, Esteban? Él, que había ganado tanto...

Esteban: Los nuevos directivos apostaron por hacer un equipo con gente representativa de Málaga. Éramos un trío, Juan, Kubala y yo. Ninguno firmaba si no firmaban los otros dos. Manteníamos contacto y así estuvimos 15 o 20 días hablando entre nosotros. Hicimos un equipo veterano, es verdad, pero de profesionales y todos hicimos nuestro trabajo. Se cumplió el objetivo del ascenso cinco jornadas antes, se subió el número de aficionados... Nuestro objetivo era jugar con el Málaga en Primera. Recuerdo que destituyeron a Kubala antes de irnos a Alicante y no nos pareció bien, porque había estado dando la cara por los futbolistas. Juan vivió el ascenso igual que todos, con una alegría enorme. Él decía: «El año que viene, el Madrid, el Barça... Los vamos a machacar». Todavía me acuerdo cuando jugamos contra el Madrid en casa. Se puso la camiseta y dijo: «Hay que reventarlos, ¿eh?»

Luego está el Juanito torero.

Esteban: Esa imagen (la de Curro Romero cortándole la coleta) lo identifica mucho.

Pineda: Le gustaban los toros como no te puedes ni imaginar. Yo iba con él a la feria de San Isidro.

Esteban: En su época aquí, en el ‘merceditos’ azul, en el que llevaba dos cojines en el asiento para que se le viera, en vez de llevar botas en el maletero llevaba siempre los trastos de matar. Yo le decía: «¿Dónde vas hoy?» Y él decía: «A una capeílla...»

Pineda: Estando en la mili se escapó a una capea y se partió un brazo.

Salguero: Ya sabéis que en las vacaciones no puedes ni esquiar ni montar en moto... Un verano él no pudo reprimirse, estuvo en una capea y se la grabaron en vídeo. Todo el mundo lo sabía, pero no era oficial... Íbamos en el autobús para la pretemporada y él dijo: «Como se va a hacer muy largo el camino y estos (por los directivos) me van a multar, ya nos reímos todos». Y puso el vídeo para que lo viéramos. De este modo, aceptó el castigo que le iban a poner.

¿Cómo recuerdan aquel 2 de abril hace 25 años?

Pineda: El 2 de abril es el cumpleaños de mi exmujer. Nos íbamos para Madrid y ella me dijo que lo habían dado (la noticia de la muerte) por la tele. Anulé de inmediato el avión y me fui al polideportivo.

Esteban: Yo no fui a entrenar. Me llamó Pepe Pardo, mi compadre (expresidente del Málaga), y me dijo: «Despierta, prepárate, que nos vamos para Mérida». Se me ponen los vellos de punta, porque parece mentira. Y cuando me contaron cómo había sido, fue muy triste. Lo definí aquel día: «Juan ha muerto como ha vivido». Vivió muy rápido y murió muy rápido.

Salguero: A mí me llamó un periodista de Sevilla, porque jugaba allí y, fíjate, al año siguiente me fui a Mérida, que todavía era una ciudad adormecida. El periodista me pidió que se lo confirmase, pero yo no sabía nada. Mi sorpresa fue ver meses después, cuando llegué a Mérida, el grado de influencia en el vestuario de Juan. Era enorme. Pero es que el vacío en la ciudad era tremendo. Todo el mundo me pedía que contara cosas de Juan.

Juanito se convirtió en mito, pero se perdió a un gran entrenador. ¿Coinciden ustedes en eso?

Esteban: Yo no tengo ninguna duda. Pero voy más allá. Juan es de los que podrían haber llegado a entrenar al Madrid perfectamente.

Pineda: Ya estaba preparado para ir al Burgos y era el trampolín para dar el salto al Madrid. El Madrid lo estaba esperando. Si en el Burgos terminaba bien, iba al Madrid seguro. El Bernabéu lo estaba esperando.

Salguero: Como hombre de fútbol, tenía una frialdad de la que carecíamos los demás. Analizaba todo muy bien y tenía esa capacidad que le permitía convertirlo en genialidad. Sin duda, la capacidad de sacrificio que tenía lo habría llevado a entrenar al Madrid. Todo son hipótesis, pero luchar por ello lo habría hecho.

Pineda. La oportunidad la habría tenido, porque la gente estaba con él.

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