Diario Sur

Malaga CF

OJO DE HALCÓN

DOS FINALES MUY DISTINTAS

El azar nos depara un miércoles de pasión. Dos finales muy distintas en el horizonte. Una final con mayúsculas y otra con comillas. Una para obtener un título y otra para no caer al abismo. Una para certificar una meritoria remontada y otra para no proseguir la interminable caída en picado. Y, paradójicamente, en la final con mayúsculas el equipo (el Unicaja) partía en inferioridad, y en la otra se sigue pagando con creces tanto aire de superioridad en la plantilla del Málaga. En Valencia habrá 'marea verde' y en Gijón habrá que superar a la 'mareona', la ejemplar afición local.

A estas alturas el Unicaja presume de líderes, precisamente de lo que carece el Málaga. Al espíritu de Alberto Díaz -ay, ¡qué poco se valora actualmente la identificación de un jugador con el equipo de su tierra!- se han sumado progresivamente Smith, Fogg, Díez, Brooks, Omic... Es más, la lesión de Musli y los problemas de Nedovic no han servido para restar, sino para sumar, como un acicate más. Podemos entrar en cuestiones técnico-tácticas, incluso en si Joan Plaza ha rectificado a tiempo con menos rotaciones y más firmeza, pero estamos sin duda ante un éxito del colectivo. En baloncesto puedes tener talento, pero sin actitud defensiva (consecuencia de una mentalidad del grupo) es casi imposible lograr éxitos.

Harían bien los jugadores del Málaga en tomar nota. Las dos últimas campañas acabaron con un conformismo inaceptable (con la connivencia del entrenador) y en esta quisieron seguir en esa línea. Y cuando de salida uno no tiene ambición luego resulta imposible cambiar la dinámica. El acomodamiento, el 'ombliguismo', los mensajes de mentira de los futbolistas, el regalo de dos meses y medio a los rivales en un sistema de autogestión con Romero y los capitanes... Y si al final te convences por error de que juegas bien, de que con muy poco basta, de que tienes una gran calidad y de que eres superior al rival, el batacazo suele ser descomunal. Ante todo debes tener humildad, trabajo y autocrítica. Aún es hora.