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Malaga CF

«Pero, ¿es que de verdad dudabais...?»

Míchel, en un gesto durante la segunda parte; en la primera trató de transmitir paciencia al equipo.
Míchel, en un gesto durante la segunda parte; en la primera trató de transmitir paciencia al equipo. / Efe
  • Pese a la trascendencia del encuentro, Míchel mostró durante el viaje a Gijón una tremenda convicción en el triunfo del equipo que caló en toda la expedición

Que nadie lo dude: Míchel está al mando de la situación. En el momento de más presión para el equipo, en el momento de más dudas y nervios, en el momento de encarar el partido más importante de la temporada, el entrenador madrileño demostró un temple extraordinario. Yno sólo eso. Además, transmitió tal convicción en todo momento que caló en el grupo antes y durante el partido. En el viaje, en la cena del martes y el almuerzo del miércoles, en la charla y, sobre todo, en el descanso. De ahí que, una vez concluido el encuentro, dentro y fuera del vestuario, con una pasmosa tranquilidad, lanzara una frase significativa: «Pero, ¿es que de verdad dudabais...?» Más elocuente, imposible.

Tras esa imagen de ‘niño rebelde’ que siempre lo ha acompañado y que lo convirtió para muchos en un tipo polémico, se esconde un Míchel cercano, ocurrente y bromista. «Tiene unos golpes... Si es que parece andaluz», recalcan en el seno del grupo. Es cierto que en el Málaga han sobrado recientemente los casos de entrenadores con fama de serios y que luego son socarrones en el trato directo: Tapia, Muñiz, Juande, incluso Schuster a pesar de sus polémicas. Tal vez el que menos fuera Manuel Pellegrini, aunque es cierto que sus ocurrencias se las guardaba exclusivamente para su cuerpo técnico (en especial, los utileros) o para algunos jugadores. Pero Míchel es exactamente igual a como se le ha visto en su paso por los medios de comunicación o como se comporta en las ruedas de prensa. A veces, como cuando era futbolista, tal vez demasiado transparente.

Trabajo psicológico

No era el viaje a Gijón uno más. Eso es evidente. Los aficionados tenían las cuentas claras. «Si perdemos, el Sporting se pone a dos puntos y...» Quien más quien menos ya veía cercano el riesgo de un descenso a Segunda. Pero la derrota en El Molinón no entraba en los planes de Míchel. Tenía una convicción absoluta en que su trabajo iba a dar frutos frente al Sporting (a su altura sólo estuvo uno de los utileros, Juan Carlos Salcedo). Pero no exclusivamente en el aspecto táctico, en el que da un valor importante al grupo de colaboradores comandado por ‘Charly’ (su segundo entrenador, Juan Carlos Mandiá), sino en el psicológico. Para él, en estos momentos esta tarea es crucial para sacar al equipo del atolladero y alejar los fantasmas.

Yaunque probablemente la procesión vaya por dentro –nunca mejor dicho en estas fechas–, Míchel aparenta una tranqulidad contagiosa. Su afán por desdramatizar la situación (hasta el miércoles, una sola victoria en los últimos dieciséis partidos) ha sido una constante desde su llegada y por eso llamó la atención su comportamiento durante el encuentro. Apenas hubo reproches desde el banquillo.

Gestos y contención

El encuentro del Málaga en Gijón no fue brillante y Míchel estuvo al borde de la desesperación en no pocas ocasiones. Sus gestos con las palmas hacia abajo pidiendo tranquilidad fueron habituales en la primera parte, porque les había expuesto a sus jugadores que con paciencia, moviendo el balón de lado a lado, el rival podía ser muy vulnerable. Así que el técnico se contuvo. Prefirió agachar la cabeza, volverse cara al banquillo y pasear durante unos segundos cada vez que Keko no terminaba de irse de Canella, que Chory no conectaba con los puntas, que Pablo y Sandro no lograban triangular, que Santos se veía superado por Babin, que Rosales y Ricca se precipitaban al centrar...

Esta vez hasta silbó menos que de costumbre el técnico malaguista. Y luego, en el descanso y con la ventaja de 0-1, el mensaje fue claro: había que ser inteligentes, había que evitar riesgos (tanto en las tarjetas como en conceder córners y faltas frontales o laterales) y, sobre todo, había que mantener el control del juego. Porque si algo se destaca internamente es la capacidad que tiene Míchel para que su mensaje llegue tan clara y tan convincentemente a los futbolistas. Eso sí, tras el descanso se desgañitó.

La realidad es que el Málaga obtuvo el triunfo y se liberó, tal como confesó el propio Míchel en la sala de prensa después del encuentro. Desde luego, aquella frase en la víspera –«¿es que me veis con cara de preocupado?»– no era un pose. El técnico no albergaba la más mínima duda sobre el triunfo en El Molinón. A veces, sin menospreciar aspectos tácticos, la psicología es crucial. Ahí está el triunfo de Joan Plaza sobre Pedro Martínez en la final de la Eurocup...