Diario Sur

Malaga CF

palco 17

LA NOCHE Y EL DÍA

El mejor ejemplo de lo que significa un entrenador en una plantilla la tenemos en el Málaga. El cambio que ha conseguido Míchel es asombroso. De un equipo descreído, falto de ambición, dubitativo y temeroso ha sacado otro que es todo lo contrario: creído, ambicioso, seguro y valiente. Eso lo ha logrado el entrenador malaguista, que ha conseguido además recuperar a una plantilla que se había hundido con ‘Gato’ Romero, excelente persona, pero sin ninguna experiencia ni base para entrenar en Primera División en lo que fue una broma pesada...

El nuevo técnico blanquiazul, además, transmite desde la banda energía, porque la pasividad no es hoy arma para los banquillos. Míchel grita, gesticula, salta, le chilla a unos y a otros, le protesta al árbitro... Como tiene que ser. Y manda, vaya si manda. En apenas un mes, el Málaga le ha dado la vuelta al calcetín y la diferencia entre lo que había y lo que hay es como la noche y el día. Anoche fue una fiesta, con una victoria muy clara y que pudo ser más contundente si Juanpi no falla dos ocasiones clarísimas y si Peñaranda le hubiese puesto más alma a la cosa. Fue un partido tácticamente irreprochable de los malagueños, con un planteamiento acertadísimo en el que el técnico local le sacó los colores al arisco Luis Enrique. Ya lo dijo Míchel: sabemos cómo jugarle al Barcelona. Y lo hizo, con un medio campo entregado, un Sandro colosal y una defensa que ya cree en sus posibilidades: dos partidos seguidos sin encajar un gol, y encima con el Barcelona como rival, el todopoderoso equipo de los Messi, Neymar, Suárez y compañía, que no pudieron con el nuevo Málaga, donde su entrenador ha conseguido que hasta Llorente se reencuentre con lo gran jugador que es.

Fue una noche de las que hacía tiempo no se vivían en La Rosaleda, y de las que sacian a sus hinchas y seguidores, que necesitan de vez en cuando una alegría, la misma que se desparramó por las gradas de Martiricos con una afición feliz como hacía tiempo no se les veía. La espera mereció la pena.