Diario Sur
Malaga CF

Ni un solo remate en el área

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Joselu, tras superar a Luis Hernández y rematar de cabeza en la acción del primer gol del Deportivo, con Kakuta también en boca de gol. / EFE

  • El Málaga, que dominó la primera parte sin verticalidad, no intimidó al Deportivo, que resolvió con facilidad en la segunda parte

El mensaje de Míchel en la víspera fue elocuente. «Los jugadores ya no me engañan; ya sé lo que pueden dar de sí, así que se anden con cuidado» Pero olvida el entrenador blanquiazul que no es sólo cuestión de actitud, sino de aptitud. Con balón (no como sucedió una semana antes frente al Barcelona), el Málaga es un equipo muy limitado. Ayer el Deportivo apenas brilló para superarlo con claridad. De nuevo las carencias impidieron que se rentabilizara la posesión en la primera parte y desembocaron en la habitual alarmante falta de verticalidad, sin un solo remate dentro del área.

Y eso que Míchel recurrió de nuevo al sistema con tres centrales tras el fantástico resultado defensivo y ofensivo ante el Barcelona, pero también para favorecer la proyección de los laterales (Rosales y Juan Carlos) y, sobre todo, las apariciones de Pablo cerca del balón. Ya apuntó este periódico que para el técnico la prioridad en el caso del castellonense no es su posición en el campo, sino su continua participación en el juego. Y efectivamente cuando esto se produjo hubo más claridad de ideas en el Málaga. Por contra, la presencia de Chory Castro ‘por dentro’, como enlace entre los tres medíos centro y el único punta (Sandro), fue un fracaso.

Concesiones

Durante la primera mitad el Málaga ejerció de equipo local. Su mejor situación en el campo, con un óptimo reparto de cada zona, le permitió vivir muy tranquilo en el capítulo defensivo. De hecho, las opciones del Deportivo fueron más por concesiones de los pupilos de Míchel, como un mal control de Mikel o un par de inusuales errores de Luis Hernández en la salida de la pelota (en el segundo tuvo Carles Gil la única oportunidad local). Camacho, más protegido y anclado en la que debe ser su parcela del campo, aportó también equilibrio mientras que Llorente y Mikel supieron guardar las espaldas a Rosales y Juan Carlos.

En ataque ya fue otro cantar. El Málaga tuvo el control (a veces apabullante) e hizo correr mucho al Deportivo, pero el juego fue demasiado horizontal y sólo se consiguió ganar metros a base de triangulaciones, nunca en situaciones de uno contra uno. También faltó más insistencia en los cambios de orientación, sin obviar además que Sandro se movió más como un medio punta (lo que realmente es) que como un ‘nueve’. Tanta posesión apenas tuvo réditos en cuanto a llegadas y sólo hubo que consignar dos disparos, uno de Rosales desde la frontal y otro de Juan Carlos con la derecha dentro del área. A la hora de la verdad la superioridad numérica de los defensas locales en su área era demasiado evidente.

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Pero el plan se desmoronó en la reanudación en poco más de un minuto. De nuevo se produjo una pérdida del balón, de Pablo, y el Deportivo sacó petróleo. Rosales le cerró a Luisinho un posible centro con la izquierda, pero el lateral local optó por la derecha y su servicio fue medio gol. Luis Hernández redondeó su aciaga mañana al verse superado por Joselu. Más allá del desenlace en la jugada, se vio en ella todo lo que le había faltado al Málaga hasta entonces: más presencia de hombres en la zona de remate.

Entrada de los extremos

El banquillo malaguista reaccionó con celeridad para cambiar el dibujo. Entraron los extremos fichados en verano –a los que aún se les sigue esperando– en relevos cantados (por Luis Hernández y Chory Castro). Se atisbó un leve cambio de ritmo, pero Mel desactivó rápidamente la posible reacción visitante con la inclusión de otro centrocampista, Mosquera. Y fue precisamente este último quien dejó sentenciado el partido en otra acción con centro de un lateral (esta vez de Juanfran desde la derecha) y con proliferación de efectivos en boca de gol.

Sin hacer casi nada, el Deportivo se situó con un 2-0 gracias precisamente a lo que el Málaga acusa esta temporada: la presencia de un ‘nueve’ de área y la convicción para llegar con varios hombres a la zona de remate. Con o sin extremos, volvió a quedar patente la escasa verticalidad de los pupilos de Míchel cuando deben tener la iniciativa en el juego (contra el Barcelona fue más fácil al contragolpe). Salvo un disparo lejano de Camacho que se estrelló en el larguero, apenas hubo reacción tras el segundo tanto local. Ni siquiera con la inclusión de Charles. Independientemente del sistema, el balance fue desolador: ni un remate en el área en todo el partido. Que nadie, incluido Míchel, se llame a engaño con las carencias. No es sólo cuestión de actitud, sino, sobre todo, de aptitud.

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