Diario Sur
Malaga CF

Al fin un partido tranquilo para el Málaga (2-0)

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Camacho, tras marcar el segundo tanto del partido. / Ñito Salas

  • El equipo de Míchel deja la permanencia asegurada con un triunfo cómodo gracias a su empeño frente a un Valencia apático y al que controló tras el descanso

Conviene no llamarse a engaño: el Málaga hizo ayer lo que tenía que hacer. Pero, claro, ha cumplido con su obligación tan pocas veces esta temporada que el triunfo supo a gloria. Importa poco que el rival estuviera tan apático, incluso que las oportunidades no fueran muchas. La temporada ha sido tan decepcionante y los temores de los aficionados eran tan evidentes que tocaba disfrutar al fin de un partido tranquilo y de una victoria sin apuros. Puso bastante de su parte el Valencia, otro que tal baila esta temporada, pero hay que darle el mérito a este Málaga tan justito de calidad e iniciativa. Y, sobre todo, a Míchel, que está metiendo en cintura a los jugadores. El éxito de que la permanencia esté asegurada es del madrileño: 13 puntos de ventaja más el ‘goal average’ sobre el antepenúltimo a cinco jornadas del final.

Porque la cuestión era ver si los futbolistas –que nadie lo olvide, los que manejaban antes como querían– habían captado el enésimo mensaje del entrenador sobre la obligación de dar la cara. Esta vez al menos sí se vio más interés y empeño, aunque conviene no obviar el escaso empaque de este Valencia venido a mucho menos y que deambula por la Liga con una desidia impropia de su entidad. En sólo tres minutos una aparición de Recio en posición de extremo desnudó al cuadro levantino y permitió intuir que a poco que las ideas fluyeran entre los locales el partido iba a ser más cómodo de lo previsto.

Durante muchos minutos ambos se movieron al trantrán, al ritmo propio de equipos sin nada en juego, aunque otra cuestión sea hablar de que hayan cumplido el objetivo. La presión arriba del Valencia fue demasiado pobre (no es esa una virtud de Parejo, por ejemplo) y el Málaga muchas facilidades para sacar la pelota, aunque también lo buscó con la presencia de Recio escorado para recibir, no por el centro, o las apariciones de Pablo, al que por ser el teórico segundo punta local no seguían los futbolistas naranjas.

Un equipo de balonmano

Durante más de media hora el Málaga volvió a ser el habitual, un equipo de balonmano sin referencia en la zona de remate. La circulación de la pelota era a veces desesperante, con toques y más toques en horizontal y también sin superar líneas. Sandro, el teórico ‘nueve’, se movía más como un medio punta, lo que al menos permitía triangular para encontrar huecos en el bloque defensivo visitante, con la cobertura adelantada. Diego Alves apenas tuvo trabajo –sólo hubo que consignar sendos disparos altos de Sandro y Jony– y el Valencia tampoco intimidó a Kameni.

Fue precisamente a raíz de la única llegada del Valencia, que acabó con Kameni dañado, cuando Míchel llamó a Pablo a la banda para hacer rectificaciones sobre los movimientos del castellonense y de Recio. Diez minutos más tarde este aparecía por sorpresa solo al segundo palo para rematar un centro de Ontiveros. Es obligado destacar que el marbellí, hasta entonces inoperante por su tendencia a gustarse más de la cuenta, sirvió la pelota desde donde más le gusta y donde se siente más cómodo, en la izquierda, a pierna cambiada. Y también, por supuesto, que el malagueño volvió a sus orígenes, con ambición y llegada desde la segunda línea.

El Málaga veía premiado su tesón, y el Valencia, su apatía. Pero además el equipo local olió sangre en el rival... Sandro amplió la ventaja cuatro minutos más tarde en un potente disparo desde la frontal que desvió Mangala (fue en un rechace en un tiro libre que dejó noqueado a Garay) e incluso firmó una arrancada excepcional por la banda izquierda que no supo culminar por agotamiento.

La baja de Garay fue resuelta por Voro con una reestructuración que conllevó con la entrada de Orellana un retraso en las posiciones de Enzo Pérez (que pasó a ser central) y Parejo (en la medular). Apenas tuvo repercusión en la segunda parte porque el Málaga ya estaba sobrado de confianza. Esta convicción se reflejó en Llorente, al que Míchel ha recuperado. Cuajó una gran actuación con una correcta interpretación del juego en su zona y fuera de ella.

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Compacto y equilibrado

El Valencia movió mucho la pelota tras el descanso, pero el Málaga dio siempre sensación de equipo compacto y equilibrado. Recio y Pablo trabajaron a destajo junto a Camacho y todos se pusieron el mono de trabajo. El Valencia nunca pisó el acelerador, algo que sí hizo Sandro cuando recibía la pelota después de tirar un desmarque. El canario trajo en jaque a todos los defensas con su capacidad para meter el cuerpo y girarse. Así se fabricó la única ocasión blanquiazul en este periodo, en la que Diego Alves taponó su disparo con las piernas.

Al Málaga no le hizo falta mucho más para quedarse con los puntos. El Valencia apretó tan poco que hubo fases en que los blanquiazules pudieron circular la pelota a su antojo estre olés del público sin que se apreciara el más mínimo orgullo entre los de Voro. Aun así, al final, ya con el cuadro visitante asumiendo muchos riesgos (Parejo pasó a ser el único medio centro), Santi Mina y Mangala pudieron reducir la desventaja. Habría sido a todas luces injusto porque sólo hizo méritos el conjunto de Míchel.

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