Malaga CF

El Málaga lleva el delirio a su afición en un partidazo (4-2)

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/ Ñito Salas

  • El equipo de Míchel fue a más hasta pasar por encima del Sevilla y sumar otro triunfo con un Sandro de nuevo espectacular

Cada semana va a más. El Málaga no sólo ganó ayer al Sevilla, sino que pasó por encima del equipo de Sampaoli en un partidazo bien planteado y en el que la actitud de los futbolistas fue excelente para seguir sumando triunfos y llevar la alegría a una afición que ha soportado una temporada repleta de decepciones hasta esta última etapa. Pese al potencial del rival, que busca la tercera plaza, y los errores o las imprecisiones puntuales, el conjunto blanquiazul fue superior a los sevillistas.

Los hombres de Míchel fueron a más con el paso de los minutos, ofreciendo su mejor versión con las variaciones introducidas por el técnico en la fase final del choque. Otra vez Sandro fue clave en el partido, aunque Pablo ya había abierto para entonces el marcador local con un golazo. Pero el canario intervino en tres de los tantos. La racha continúa y el Málaga sigue progresando en este ‘sprint’ en busca de más prestigio.

Míchel siguió haciendo cambios en el once, aunque ya se centran sólo en los extremos. Volvieron los titulares en las bandas de hace dos partidos contra el Valencia. Y ambos estuvieron activos desde el comienzo, sobre todo el canterano, más trabajador y en forma. El dominio era alterno en el arranque, pero la responsabilidad obligaba al Sevilla a controlar el partido en busca de la tercera plaza.

Los méritos para marcar se acumulaban en el equipo blanquiazul ante un contrario consistente y que se empleaba con fuerza. Ricca, Sandro y Ontiveros, en dos ocasiones, protagonizaron aproximaciones y oportunidades. Pero en la primera ocasión clara sevillista, en un contragolpe tras una pérdida, Vázquez abrió el marcador ante el desconsuelo de la defensa malaguista y su afición. Las imprecisiones locales estaban lastrando sus opciones en ataque y ponían en peligro el trabajo defensivo.

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Dominio visitante

El dominio visitante se intensificó, con aproximaciones constantes ante un Málaga que estaba asimilando el tanto encajado. Correa, incluso, envió fuera el balón en un ‘mano a mano’ con Kameni. La situación se complicaba, pero en la jugada siguiente, Pablo recibió el balón muy cerca del área contraria y disparó al fondo de las mallas, a la escuadra izquierda de Sergio Rico. Espectacular tanto del joven, que igualaba de esta forma el encuentro. Comenzaba ahí ‘otro’ partido. La fortaleza sevillista en el centro del campo, reforzada por la utilización de tres centrales, se imponía, pero el once de Míchel, animado por el gol del empate, iba neutralizando progresivamente esa superioridad.

El Málaga no renunciaba a darle una alegría más a su afición. Y el equipo salió más motivado, con un ritmo superior, tras el descanso. Hasta ese momento las intervenciones de Sandro, muy vigilado, habían sido escasas, pero en ese arranque del segundo tiempo presionó al máximo a la defensa visitante y forzó un error que le permitió quedarse solo ante Sergio Rico, al que batió ante el delirio del público. Lástima que poco después la mala fortuna en un despeje permitiera que Vázquez otra vez marcara.

El equilibrio también se apoderó por momentos del juego, pero con un Málaga fuerte mentalmente, distinto al pasado. Se rehizo pronto y nunca renunció al ataque, maniatando a un Sevilla que apenas podía exhibir su reconocida fortaleza. El once de Míchel quiso demostrar, y lo hizo, que es capaz de brillar en todos los capítulos del juego, y en una falta, lanzada por Sandro, Llorente se elevó por encima de la defensa y puso por delante otra vez a los malaguistas.

Con los cambios en el campo, el Málaga mejoró y no sólo intentaba aguantar el resultado, sino que seguía presionado con ganas de aumentar el marcador, algo que logró instantes antes del final. Sandro fue objeto de penalti en una acción individual, aunque Sergio Rico rechazó el lanzamiento del canario, pero un rapidísimo Juan Carlos llegó desde atrás y marcó. La Rosaleda disfrutaba como nunca con una victoria en un duelo de rivalidad. Impresionante.

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