Malaga CF

FÚTBOL ESCRITO

AGRESIÓN COLATERAL

La representación teatral del fútbol nacional torna frecuentemente de comedia a tragedia con gran rapidez. Y siempre tiene los mismos actores protagonistas, los cansinos Real Madrid y Barcelona, que acaparan los papeles principales y secundarios. Lo que gira alrededor de ellos es como la basura espacial que gira alrededor de la Tierra: toda la inmundicia que despiden a cada movimiento que realizan. No importa, en su cruenta guerra, llevarse por delante a cualquiera que se ponga a tiro: todos son sospechosos habituales que pretenden, qué osados, derruir la construcción nacional en torno a un club de fútbol o derramar la sombra de la sospecha por lo que suceda en un antepalco. Todo justifica la imperiosa necesidad de pisar al rival, alcanzar una gloria tan efímera como que en un par de meses ya se estarán peleando de nuevo por un fichaje, por unas fechas veraniegas o porque la bandera de unos ofende a los otros, y viceversa. Ocurre que se puede aceptar esta pelea en el barro, este cierre patronal del raciocinio, con su correspondiente ovación vergonzosa de los medios afines de una y otra trinchera. Pero lo que no se puede consentir son las acusaciones veladas de falta de honor, de ausencia de profesionalidad, de corrupción gratuita, a un club de fútbol. Porque un club de fútbol no es su presidente, ni su junta: es la masa social que lo apoya, su historia y su tradición. Por eso resulta especialmente sangrante tener que aguantar las estupideces del entrenador del Barcelona sobre la presunta dejación que hará el Málaga en el último partido liguero, en caso de que el Real Madrid venga a La Rosaleda jugándose el título. Es un atropello, una agresión colateral gratuita que debería tener sanción, para parar de una vez los pies de tanto abusón impune.

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