Malaga CF

La Liga se decidirá en Málaga

Cristiano Ronaldo celebra su primer gol en Balaídos y recibe la efusiva felicitación de su compatriota Fabio Coentrao, de blanco
Cristiano Ronaldo celebra su primer gol en Balaídos y recibe la efusiva felicitación de su compatriota Fabio Coentrao, de blanco / Miguel Vidal. Reuters
  • El Real Madrid aprovechó el extraordinario momento de Cristiano ante un Celta descosido que se quejó del árbitro

  • Pletórico en la recta final, al equipo de Zidane le sirve el empate en La Rosaleda para ser campeón

El Madrid tiene la Liga más cerca tras su victoria de anoche, aunque para conseguir el título todavía tendrá que puntuar, al menos empatar, en su partido de Málaga, el domingo a las 20.00 horas en La Rosaleda, que será cuando se resolverá la Liga. Mucho más allá de polémicas arbitrales, que las hubo en Balaídos, y de desaciertos del valenciano Martínez Munuera, a favor del poderoso, el equipo de Zidane se impuso al Celta porque sus futbolistas tienen mucha más calidad, se jugaban mucho más que el orgullo, la profesionalidad y quién sabe si alguna prima, y su estado físico y anímico es muy superior a estas alturas que el de un equipo vigués que ha perdido sus seis últimos choques ligueros y aún se lame las heridas sufridas por la eliminación ante el Manchester United en puertas de la final de la Liga Europa.

No fue un Madrid deslumbrante, pero tiró de oficio y del soberbio momento de Cristiano, autor de otros dos golazos determinantes en este tramo final de temporada –ya suma trece en los últimos diez partidos– para imponerse a un grupo de Berizzo roto de principio a fin. Podrán quejarse los gallegos, y también los culés, de que Aspas no se mereció la segunda amarilla en una acción que hasta pudo ser penalti, de que en el primer tiempo el juez no vio una mano de Varane, eso sí fuera del área, y que Casemiro quizá pudo ser expulsado una jornada más, pero la sensación es que el Real Madrid hubiese aprovechado igual este comodín o bola extra que le dejó el calendario. La expulsión del mejor jugador local llegó ya con 0-2 en el marcador. Acortó distancias poco después Guidetti, pero fue un espejismo porque Sergio evitó una goleada mucho más amplia al final.

Su histórica racha de encuentros viendo puerta (63) permiten a este pletórico Real Madrid actuar con enorme seguridad en sus posibilidades. Si el rival se les encierra, sus jugadores saben que tarde o temprano le descerrajarán. Y si el enemigo quiere el ida y vuelta, como le ocurre a este vistoso, osado y desquilibrado Celta de Berizzo, el líder acepta encantado el envite porque entiende que su pegada es infinitamente mayor. No ha sido precisamente un prodigio defensivo el equipo de Zidane este curso, pero supera este problema gracias a su tremenda capacidad para ver puerta.

Salieron los campeones continentales a toda mecha, deseosos de hallar pronto el camino de la victoria. El Celta es muy superior al Deportivo y al Granada, a los que el Real Madrid tumbó casi desde los vestuarios, pero la consigna era parecida. Entrar bien el partido es uno de los mandamientos del deporte rey y una obsesión para el técnico francés. Y mucho más si, como ocurrió en Balaídos, hay más de media Liga en juego. Nada de especular a partir del 0-0 y de pensar que incluso ese empate a nada podría servir si el domingo el Madrid ganaba en La Rosaleda. Ese tipo de cálculos son contrarios a la filosofía ganadora del Real Madrid, al ADN de sus estrellas.

Avisó el Madrid en un par de acciones, la segunda tras otra genialidad de Benzema juntó a la raya de fondo, aunque ni por asomo fue comparable con la de la semifinal de Champions en el Calderón, y marcó en su tercera aproximación. Isco percutió, rechazó Roncaglia y el balón le llegó a Cristiano. El luso estaba vigilado desde bastante lejos y se la da tiempo para parar el balón, colocárselo y golpear, es letal. Lanzó un obús con la zurda que ni vio Sergio porque pasó, además, entre las piernas de un defensor. Hasta que Iago Aspas no apareció más entre las líneas rivales, los locales no dieron sensación de peligro.

Sin pausa

Zidane gesticulaba y reclamaba a sus jugadores más de pausa, ya con el resultado a favor. El Real Madrid no gobernaba la situación a partir de largas posesiones, pero eso preocupaba mucho más a su entrenador que a sus jugadores, felices de poder disfrutar de espacios para contragolpear.

El inicio de la segunda mitad mostró las enormes diferencias entre los contendientes. La tuvo primero el Celta para empatar, pero Guidetti, que desgraciadamente para él será recordado por el gol que erró ante el Manchester United, se entretuvo y no acertó a disparar. Y en la jugada siguiente, Isco condujo, asistió a Cristiano con precisión de cirujano y la puso sin parar junto al palo. Todo estaba ya decidido cuando se reavivó la polémica. Benzemá, por si acaso, y Kroos, pusieron la guinda.

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