A bocajarro

¿Y el optimismo?

Pedro Luis Alonso
PEDRO LUIS ALONSOMálaga

Uno a veces presume (o peca) de ir demasiado a contracorriente, rebelde a las modas, a veces tan pasajeras como absurdas. En Málaga está arraigado culturalmente el pesimismo. En torno al deporte es recurrente, a veces excesivo, molesto. Se va de un extremo al otro con apenas un telediario de diferencia. ¿Les recuerdo los malos augurios de la mayoría antes de que el Málaga ganara en Gijón? Seguramente sigue pesando la inexperiencia de pelear en el fango o de salvarse en la última jornada (sólo una vez los últimos años). La temporada pinta dura, pero el balance se hace tras nueve meses, no después de tres y medio. A efectos prácticos la única espada de Damocles que pende sobre el Málaga es estar a cuatro puntos de distancia (al comienzo de la jornada) respecto a la zona de salvación. Prescindamos de cábalas acerca de la puntuación necesaria al final. Nadie la conoce aún. Vivamos el presente y el futuro a corto plazo y dentro del desastre gestor del Málaga (la contratación de Rolón y Cecchini marcan un récord indiscutible en el historial de desaciertos) quedémonos con algún motivo para creer. Es verdad que el Málaga no suma fuera, pero si repasan comprobarán que sus últimos seis rivales fueron los que ocupan las primeras plaza de la tabla. Y que hay que creer en que la hábil (algo tardía) gestión para traer a Ignasi Miquel pueda reproducirse en el puesto de 'pivote', y que Recio y Adrián se liberen en el centro del campo y pisen más área, y que el calendario sólo incluye citas ligueras (veinticuatro), y que si lo visto hasta ahora ha sido rematadamente malo y sólo tiene al equipo postrado con cuatro puntos de desfase imagínense que puede suceder a poco que mejore algo.

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