PLANES

JOAQUÍN MARÍN D.

El Málaga ya está mirando qué hacer en caso de descenso. Bueno, no es algo agradable, pero al menos es tranquilizador: no se ha perdido del todo la razón en las oficinas de La Rosaleda. Que tener sueños e ilusiones está muy bien, que creer en la permanencia es obligatorio, pero por el momento hablamos de eso: sueños, ilusiones, creencias. Lo único real ahora mismo es que el colista a siete puntos de la salvación no ha sido capaz de marcar un gol en 16 de 23 partidos; que de los últimos ocho encuentros, contra rivales más o menos directos, no ha ganado ninguno; y que hay una extraña tranquilidad en técnico y jugadores, empeñados en hacer declaraciones totalmente desconcertantes sobre una mejora próxima que nunca llega. O sobre los muchos partidos que, piensan, quedan para la remontada. Algo sucede en ese vestuario cuando todo el que llega nuevo en seguida se contagia del virus que impide competir con garantías de victoria. Algo sucede cuando Jony, que era un alma en pena como malaguista, mete goles en el Sporting dignos de Maradona o Ronaldo Nazario. Algo sucede cuando Mula, que no valía, es uno de los mejores del Tenerife. Una extraña sombra de pesadumbre se cierne sobre lo blanquiazul. Hay planes ya para Segunda. Para Segunda, ya se sabe, hay que fichar a los mejores de Segunda. Para salir de Segunda hay que montar un equipo de Segunda que sea de los dos o tres mejores. No vale reciclar futbolistas; no suele funcionar. Si el Málaga baja, el plan debería ser prescindir de la práctica totalidad de la plantilla, salvo los que estén comprometidos. El descenso, aparte de un drama, debe ser un reinicio en todos los niveles, del vestuario al palco. Así no podemos seguir. Ni un minuto más.

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