Fútbol escrito

TE QUIERO MÁLAGA

JOAQUÍN MARÍN D.

Resulta un poco descorazonador observar el reclamo que el Málaga ha elegido este año para la campaña de abonados. No es que el trabajo sea malo; acaso es lo único que los diseñadores podían hacer, dada la situación horrible en que se haya inmersa la entidad. La silueta del escudo y la leyenda 'Te quiero Málaga' es todo lo que se puede ofrecer por ahora. También es quizá lo único que necesita un malaguista de verdad para volver al potro de tortura que este año ha sido la grada de La Rosaleda. Sin director de 'marketing', o de producto, y con escasos ejecutivos en el día a día de la gestión, los trabajadores de las oficinas vuelven a demostrar que son de lo mejor del patrimonio del club. Están preocupados por sus puestos de trabajo, por sus salarios y por el incierto futuro que se dicta, cuando se dicta, desde la lejana Catar. Lejana no sólo desde el punto de vista geográfico, sino también del sentimental. No hay una conexión, está muerta, entre la masa social malaguista y el dueño y presidente. El maltrato ha sido y está siendo demasiado cruel, demasiado continuo, demasiado largo. Las personas que se han encontrado con el fenomenal reto de construir algo en el Málaga, como por ejemplo la campaña de abonados, no tienen apenas material con el que trabajar. No pueden vender ilusión en un eslogan, al menos todavía no, cuando no se sabe qué equipo va a haber para afrontar una durísima Segunda División a partir de finales de agosto. No pueden vender tranquilidad, ni proyecto deportivo, ni estabilidad institucional. Ni siquiera confianza. Así que solamente queda apelar al sentimiento, porque ahora es la única razón, valga el oxímoron. 'Te quiero Málaga' es la base, el recurso final. Lo único que queda.

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