Las recetas de una psicóloga deportiva para que el Málaga vuelva a ganar

La psicóloga malagueña Rocío Pomares trata en su consulta a deportistas desde 2006. /Sur
La psicóloga malagueña Rocío Pomares trata en su consulta a deportistas desde 2006. / Sur

«La confianza nunca debe depender únicamente del resultado», asegura Rocío Pomares

FERNANDO MORGADO

Rocío Pomares cita a Jorge Valdano para despejar cualquier duda sobre la importancia del ánimo del futbolista en su actuación sobre el campo. Y es que ya lo dijo el argentino: «El fútbol es un estado de ánimo». A mejorar ese estado de ánimo se dedica desde hace más de diez años Pomares, licenciada en Psicología por la Universidad de Málaga. Aunque se haya especializado en golf –trabaja para la Real Federación Andaluza como entrenadora psicológica–, pádel y natación, también ha tenido la oportunidad de ayudar a jugadores de Primera y Segunda División de fútbol, aunque el código deontológico de su profesión le impide dar nombres.

Conocedora de la difícil situación que vive el Málaga, Pomares puede ofrecer algunas pistas acerca de cómo un deportista de primer nivel debe afrontar las crisis. «Es difícil salir de una dinámica negativa porque los futbolistas en especial no paran de recibir críticas y eso les hace estar más presionados y demasiado centrados en lo que no quieren que ocurra, en este caso el posible descenso de categoría», explica. Con la mente del jugador tan enfocada en evitar la derrota solo se generan emociones muy intensas que merman el rendimiento y predisponen al fracaso, según la psicóloga.

La receta para afrontar la crisis deportiva

Enfocar. Las críticas provocan que la mente del futbolista se centre demasiado en lo que quiere evitar y predisponen al fracaso.

Avanzar. Pensar en lo que se ha hecho o en los tres puntos no ayuda a jugar mejor. Los perdedores se quejan, los ganadores aprenden.

Confiar. El resultado no debe determinar la confianza de un futbolista. Deben confiar en su propio talento, en el trabajo realizado y en sus compañeros.

Comunicar. El cuerpo técnico tiene que aclarar los objetivos a cada jugador, dejarles claro lo que quieren de ellos y fomentar la comunicación entre compañeros.

Priorizar. Los pensamientos de los jugadores deben centrarse en lo verdaderamente útil y olvidar el resto.

Apoyar. Ningún jugador desea decepcionar a los aficionados. Los pitos de la grada solo añaden más tensión al futbolista.

En una de las principales acusaciones que recibe la actual plantilla del Málaga –la de la falta de calidad– está uno de los secretos para salir adelante. «El fútbol es un deporte muy ‘resultadista’. La confianza nunca debe depender únicamente del resultado. Hay que confiar en el talento, en el trabajo realizado en los entrenamientos y en los compañeros», apunta esta profesional. Y en ese fomento de la confianza tiene mucho que ver el cuerpo técnico, que, según Pomares, debe «aclarar los objetivos a cada jugador, reforzar las fortalezas individuales y del equipo, dejarles claro lo que se necesita de ellos en cada partido y favorecer la comunicación».

Acerca del papel de Míchel, la malagueña deja una cosa clara: «El entrenador no es una ‘animadora’. Su labor no es ayudarles a tolerar sus frustraciones, sino enseñarles a jugar como él quiere, que no es poco. Jugar en un equipo como el Málaga y tener como entrenador a Míchel debería ser una motivación en sí misma». Lo que sí es necesario en cualquier vestuario es un líder, y aún no está claro quién ha tomado el mando tras la marcha de Camacho. «Tener jugadores jóvenes puede ser muy positivo, pero puede que no sepan gestionar su entusiasmo o su frustración y pierdan la concentración. El Málaga sigue teniendo jugadores que pueden ser referentes para los nuevos».

La afición debe aportar también su granito de arena en el cambio de rumbo del conjunto blanquiazul, pues, según Pomares, no decepcionar a los seguidores es una de las prioridades de cualquier deportista. «No debemos olvidar que ante todo son personas, con sus emociones y preocupaciones, y ellos son los primeros interesados en jugar bien. Pitarles en el campo o faltarles al respeto solo consigue aumentar la tensión y generar ansiedad», comenta. Para terminar, la psicóloga lanza un consejo que no por repetido es menos cierto: «Cuando las cosas van mal es necesario estar más unidos que nunca».

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