SOBRE LIMPIEZA Y FICHAJES

MANUEL CASTILLO

En cincuenta años de vivencias malaguistas nunca me sentí tan avergonzado como el domingo en el encuentro con el Alavés. Se puede perder, incluso por goleada, pero si el equipo lucha y muestra orgullo y hasta un poquito de dignidad, hay que aceptarlo como un lance del juego y pronto se olvida. Pero esta vez, ante un equipo que empezó el año como colista aparentemente desahuciado y que ahora hasta nos llega pensando en Europa, los futbolistas del Málaga, que no malaguistas, se han arrastrado delante de unos aficionados que todavía esperaban alguna jugada destacada para aplaudir y apoyar; por el contrario, asistimos a gritos y pitadas contra más de un jugador local, que es lo último que uno espera ver en un campo de fútbol. Lamentable.

Reconozco que no he logrado memorizar o reconocer a todos los integrantes de una plantilla multinacional, con jugadores de aquí y de allá, cedidos o desconocidos en la mayoría de los casos, que aparecen una vez y desaparecen para casi siempre; o futbolistas con cierta vitola de goleadores o figuras en ciernes y de cuya existencia debe saber sólo el equipo técnico, porque verlos, apenas los hemos visto. Por cierto, también hay jugadores que se lesionan... y ya no vuelve a saberse de ellos. Por eso, llegado el momento, toca el barrido de la plantilla, que no debe ser complicado si nos atenemos al número de jugadores que cumplen contrato, los muchos que hay cedidos y los que nunca debieron estar. Claro que ¿quién se responsabiliza de esta tarea? Volvemos a lo de siempre: el jeque que manda y ordena... y que no parece estar por la labor. Lo todavía más preocupante, de momento, es que ya se ha puesto la mirada en América, en busca de jugadores baratos y desconocidos pero 'prometedores'. Y en eso debiera tener algo que ver el nuevo entrenador, el que sea, para que luego no haya excusas. Por eso insisto: ahora es el momento. Ya.

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