TRABAJO DEFICIENTE

MARTÍN NAVARRETE

Espero mucho más siempre de un árbitro como el valenciano Martínez Munuera, que atesora muy buenas condiciones para un mejor desempeño en la élite futbolística que el que tuvo ayer en La Rosaleda. El partido, como todos los que se juegan de este nivel en Primera División, son dramáticos y complicados de dirigir. Las decisiones son cuestionadas una tras otra, de ahí que los colegiados deben tener capacidad de concentración para que los errores no se acumulen y provoquen exasperación entre la grada y entre los jugadores.

Si hay que destacar algo es la serenidad mostrada, que es la mejor condición que le distingue. Sin embargo, ayer los continuos desaciertos que acumuló en el control del juego llevaron a que esta virtud, que es tan necesaria para una buena dirección, se fuera al traste. Sus asistentes estuvieron a un buen nivel. Hubo que destacar la atención que mostraron no sólo a las incidencias del juego, sino también a los movimientos que él marcaba y que, para no dejarlos en evidencia, estos confirmaban con su bandera en las sanciones que indicaban.

No me gustó el trabajo del colegiado, poco enérgico y nada contundente. Excesivamente dubitativo, lo que provocaba muchas dudas y molestias de los jugadores. Usó en exceso las advertencias en los primeros treinta minutos, algo nada recomendable y menos aún en partidos con este dramatismo, por el valor de los puntos en juego. No estuvo nada afortunado con la distribución y uso de las amonestaciones, de modo que confundió a todos con las que mostraba. Tampoco anduvo al nivel adecuado con la aplicación de la ley de la ventaja.

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