Triste situación la del Málaga

MANUEL CASTILLO

Triste noche la del lunes en La Rosaleda. El Málaga se mostró incapaz una vez más de asirse a la opción que se le presentaba de reducir distancias con la salvación. Nada importa, nada se nota, que se vayan incorporando jugadores recién fichados, ya sea Ignasi Miquel, ya sea Iturra; poco se espera ya de la anunciada incorporación de un tal Bueno, que no debe hacer honor a su apellido si lleva toda la temporada sin jugar, ni siquiera en el segundo equipo del Oporto. En las circunstancias que rodean al Málaga parece ridículo que trate de ‘potenciarse’ el equipo con jugadores de escaso o nulo relieve. Y eso me da pie para incidir en un tema que parece irreversible y que, en definitiva, es la causa de la mayoría de los males.

Que no, que no me cuadran las cuentas del Málaga C.F. por muchas asambleas y papeles que se muestren al efecto. Un club que es octavo en la recepción de millones de la televisión (por encima de los cincuenta), que se gasta la mitad de lo que ha recibido por traspasos, que cuenta con más de veinte mil abonados y buenos patrocinadores, no es para que vaya exhibiendo lamentos de pobreza y justificándose en límites salariales y demás, de los que ningún otro club se queja.

Nunca entenderé cómo clubes como Alavés, Leganés, Getafe o Eibar, por citar algunos, incorporan fichajes o cedidos de equipos importantes, de los que el club malagueño no parece merecer la más mínima atención. Y es que el Málaga, que no para de perder partidos, ha perdido ya todo el prestigio y simpatía que supo ganarse con el tiempo. Triste. Y quede bien claro que con estas críticas no apunto a los actuales mandatarios malagueños (o españoles) del club sino al propietario, que parece vengarse con el club de no haber logrado hacer su agosto con sus proyectos inmobiliarios en la costa. O algo así.

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