VEINTE MIL ALMAS

JOAQUÍN MARÍN D.

Veinte mil almas, veinte mil, han decidido ya continuar siendo malaguistas. A mediados de junio, todavía un poco saturados por tanto balón entre el final liguero, la Copa del Rey, la Champions, el Europeo sub-21 o los cabreos de Ronaldo con Hacienda. Antes de que oficialmente acabe la temporada actual, antes de ese 30 de junio que marca la frontera del veraneo y el final de muchos contratos, ya somos muchos los que hemos decidido sufrir y disfrutar con nuestro equipo al menos un año más, si la economía y la salud lo permiten. Y oigan, un profano en esto del malaguismo igual podrá decir que en una ciudad con 600.000 habitantes, veinte mil abonados al equipo de fútbol de la ciudad, en Primera, son pocos. Y oigan, puede tener razón. Pero el trauma de la desaparición del C. D. Málaga en 1992 arruinó una generación, quizá dos, de malaguistas. El fútbol murió, se enterró, se vendieron los trofeos que no fueron embargados, y en La Rosaleda crecía de todo menos césped. Miles, decenas de miles de niños malagueños crecieron al fútbol sin la referencia de su equipo, porque no había. Y no pudieron ser malaguistas. No es que no quisieran. Afortunadamente la memoria siempre está ahí, como el testigo de una carrera de relevos que recoge uno si lo suelta el otro. El malaguismo sobrevivió, pero en campos de Tercera, Segunda B, Tercera otra vez... Demasiada travesía de sed y sol abrasador, demasiada distancia con la comodidad del profesionalismo. Pero resistió, regresó y recuperó lo perdido. Veinte mil almas con carné a mediados de junio cuando hace una década era un éxito cerrar la campaña de abonos con 15.000 es un éxito que tendrá continuidad. Veinte mil no es el objetivo. Es el pasaporte hacia los 25.000. Allá vamos.

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