Ojo de halcón

VEINTICINCO FINALES

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Superado el primer tercio de Liga, sólo tenemos una certeza: cada partido del Málaga va a ser una final. Es demasiado arriesgado hacer pronósticos a seis meses vista, pero se presume que esta vez no habrá permanencia holgada. Es cierto que el campeonato es demasiado largo y que con frecuencia un equipo se despeña inesperadamente en la segunda vuelta. Incluso, intuyo que algunos rivales directos situados ahora a siete u ocho puntos (como el próximo adversario, el Levante) ya empiezan a verle las orejas al lobo. Resulta curioso que cuando uno habla con personas del entorno de esos conjuntos siempre escucha la misma respuesta: «Estos no cuentan con el Málaga en la pelea por la permanencia porque creen que saldrán de ahí sin problemas». No es desde luego la sensación que tenemos dentro y fuera del club de Martiricos. Y quizá ese sea precisamente un argumento para ser optimistas. Aquí todos sabemos que habrá que apretarse los machos, los primeros los jugadores. Es más, los últimos encuentros invitan a cierto optimismo por algunas sensaciones que transmite el grupo de Míchel. No obstante, las carencias defensivas son tan preocupantes que obligan a tener los pies en el suelo. Sin olvidar, además, que ocho días después de la euforia por el triunfo frente al Deportivo el Málaga está aún más lejos de salir de la zona de descenso y con dos jornadas menos. Sí, es verdad que queda mucha Liga, pero con sólo siete puntos en el zurrón y diez derrotas en trece encuentros nadie puede discutir que se requiere sumar al menos el 40 por ciento de los puntos en juego. Casi nada. Así que toca desterrar el uso del término 'final'. En todos los encuentros, sin excepción, está la vida en juego. El margen de error es mínimo.

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