¿VOLVEREMOS, DE VERDAD?

JOAQUÍN MARÍN D.

Cuando todo era un sueño, aquel año ya lejano de la Champions, basado en mentiras de impagos pero que siempre será un refugio al que volver, el malaguismo se creyó más de lo que veía. Aquella noche maldita del Westfalenstadion y los fueras de juego múltiples empezó a sonar un verbo, una palabra, con una fuerza indiscutible: volveremos. Casi se dio por hecho que jugar en Europa iba a ser ya una costumbre. Nos fijamos en el ejemplo de nuestro verdugo, el Borussia Dortmund, con una política de cantera y de fichajes envidiable; con muchas ventas año tras año, pero también con una capacidad de reinvención que le tiene año sí, año también en la principal competición continental. Volveremos, decíamos. En poco tiempo, además. Entonces todos creíamos que las bases que sostenían el proyecto de Al-Thani eran fuertes, pero la verdad es que no lo eran porque ni siquiera las había. Volveremos, decíamos; en poco tiempo estaríamos de vuelta, sin pensar que lo único que era cierto era que todo era mentira. La inercia duró un poquito: sirvió para clasificarse para jugar la Europa League la siguiente temporada, billete continental anulado por la sanción que la UEFA impuso al club por no pagar nada a nadie, prácticamente. Y sirvió para mantener una nómina pequeñita, cada vez más exigua, de jugadores que al menos daban la talla. Volveremos, decíamos, pero lo cierto es que cada vez nos aproximábamos más a la mediocridad. Ya saben, salvarse cada año y ya. Mediocridad que ahora se ve como el mismísimo cielo, porque el futuro de este club es incierto si ocurre el descenso a Segunda. Los pecados cometidos en Primera los arrastraremos en forma de plantilla cara, desmotivada y mala. Cambiaremos el volveremos a la Champions por volveremos a Primera. ¿Pero lo haremos?

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