Aferrados al 'espíritu de Tarrasa'

Los jugadores del Málaga celebran en el vestuario el ansiado ascenso a Segunda. /FERNANDO GONZÁLEZ
Los jugadores del Málaga celebran en el vestuario el ansiado ascenso a Segunda. / FERNANDO GONZÁLEZ

La Rosaleda fue un clamor y llevó en volandas al Málaga hace 21 años en el duelo para subir a Segunda. El equipo olvidó por completo el 3-0 adverso y saltó al campo con el único objetivo de marcar pronto y sólo mirar a la portería rival

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Fue concluir el partido del miércoles y en la redacción de SUR el excapitán malaguista Bravo –que siguió el encuentro junto a Pineda, Nacho y Juanito– espetó rápidamente: «Ahora lo que toca es recuperar el 'espíritu de Tarrasa'». Hablaba el paleño, durante esta temporada entrenador del juvenil blanquiazul, de aquella gesta vivida hace 21 años en La Rosaleda en un clamor desde el minuto 1 que llevó en volandas al equipo hasta certificar el ascenso a Segunda División.

Parecía que el Málaga había tirado por la borda todas sus opciones una semana antes, en un partido calamitoso sobre el césped artificial del campo del Terrassa, que había sido sede del hockey en los Juegos Olímpicos de Barcelona seis años antes. Aquel descalabro por 3-0 hizo temer que todo el esfuerzo quedara en nada, en una cuarta temporada consecutiva en el 'pozo' de la Segunda B.

Sin embargo, aquel 28 de junio de 1998 fue mágico. Ya en el mismo viaje de vuelta el presidente, Fernando Puche, apeló a la necesidad de que los medios de comunicación empujaran para crear un ambiente sin precedentes. «Tenéis que ayudarnos, hay que llenar La Rosaleda como sea. Si lo hacemos, ascenderemos», recalcó. Y así fue. Hasta el punto de que se alcanzó un acuerdo con Canal Sur para que emitiera en directo los prolegómenos, el encuentro y la posible celebración, pero sin que se hiciera público hasta horas antes del comienzo. La señal era sólo para la provincia, no para el resto de Andalucía, aunque, dado que vía satélite se emitía desde Málaga, al final se pudo seguir en el mundo entero. El objetivo era evitar que los aficionados se quedaran en casa, que tiraran la toalla, que pudieran dar por hecho el fracaso.

La principal similitud entre aquel partido y el previsto para esta noche se encuentra en los guarismos: 3-0. Ese fue el resultado con el que el Málaga perdió en Tarrasa en 1998 (tras los goles del exmalaguista Campuzano, Gallego y Vacas) y ese fue también el parcial en la segunda parte el miércoles en Riazor, ese que ha disparado la moral en el Deportivo (mucho más que el 4-2 en sí).

Espoleado

Con una Rosaleda como hacía tiempo que no se veía y enmedio de un clamor desde casi una hora antes del encuentro, el Málaga salió muy espoleado. El objetivo del equipo era saltar al campo sin mirar atrás en todos los sentidos. Sin recordar lo más mínimo el 3-0 y sin pensar en los riesgos asumidos al lanzarse a degüello por el equipo egarense. Siempre ha quedado en duda la actuación del portero visitante, Sergio, francamente desacertado todo el partido, pero nadie puede cuestionar la actitud ambiciosa, en ocasiones hasta suicida, mostrada por el equipo blanquiazul.

Era necesario marcar pronto y se consiguió. Llegó después de un rápido saque de puerta del guardameta visitante que golpeó en la espalda de un defensa, lo que dejó el balón en perfectas condiciones para que Guede lograra el 1-0. El azar quiso que fuera en la misma portería en la que 12 años antes el C. D. Málaga encajó un gol similar tras una acción similar entre Szendrei y Ruiz.

El entrenador del Terrassa respondió con un cambio de sistema al comprobar que Merino no bajaba (por la consigna de estar siempre arriba) y que a Roteta se le amontonaba el trabajo como lateral izquierdo. El conjunto catalán neutralizó en el minuto 38 la ventaja local y obligó a una gesta: el Málaga aún necesitaba marcar tres goles. Fue precisamente Merino quien al filo del descanso materializó el 2-1 y mantuvo el ascenso a tiro. Se requería un parcial de 2-0, como esta noche.

Gesta

En la reanudación el Málaga salió nervioso, pero su moral se disparó al aprovechar Guede un error del cancerbero visitante. Luego Ismael Díaz introdujo un doble cambio y con la entrada de Manolo y Ramírez se materializó la gesta con un cuarto gol que le permitió a Guede firmar un 'hat trick' tras centro de Roteta. Durante casi media hora el malaguismo estuvo sumido en la angustia. Pero no por el peligro que pudiera crear el Terrassa, sino porque el ascenso dependía de que el Talavera no venciera en Beasain. A diferencia de entonces, esta vez el Málaga depende de sí mismo, no de otro resultado. Y a diferencia de entonces sólo tiene que marcar dos goles. Es decir, debe salir al campo como entonces, pero sin necesidad de mostrar una actitud suicida.