La afición no mereció la derrota

Vista del fondo en el que estuvieron ubicados los seguidores blanquiazules. /Ramón L. Pérez
Vista del fondo en el que estuvieron ubicados los seguidores blanquiazules. / Ramón L. Pérez

Unos 3.000 seguidores vuelven a exhibir su malaguismo desafiando al frío y la lluvia

Antonio Góngora
ANTONIO GÓNGORA

Después de viajar con lluvia, con largas esperas, hasta soportando una granizada, y siempre soportando un frío que bajó hasta los cinco grados del final del encuentro, los 3.000 malaguistas que se desplazaron ayer a Granada no merecieron la derrota de su equipo, ni mucho menos. Fue injusto para ellos. Nada más empezar el encuentro llegó el mazazo del gol de Puertas, pero reaccionaron y siguieron gritando y, a poco que el cuadro de Muñiz apretaba de alguna manera, allí estaban ellos animando sin parar, cantando y dando fuerzas.

La carretera estaba plagada durante la mañana de malaguistas que se desplazaban a tierras granadinas con la ilusión y la esperanza de que su equipo brillara de una vez por todas y pudiera sacar adelante un partido clave, una cita crucial, pero no fue así. Los aficionados se dispersaron por distintas zonas de la ciudad vecina al llegar, pero el grupo mayoritario se quedó hasta la hora del partido en las inmediaciones del campo, almorzando en distintos bares y ya cantando sin parar (con algunos seguidores locales mezclados entre ellos).

Ya en el campo coparon la mayor parte del Fondo Norte (eran mayoría, sin duda), pero también se encontraban en este caso dispersos por varias zonas más. No pudieron ser reagrupados, porque, pese a que quedaron asientos vacíos, el Granada había vendido todas las entradas, lo que dificultaba esa labor. Los gritos de ánimos se escucharon de inmediato, antes de arrancar el choque, algo que siempre agradecen los futbolistas cuando juegan a domicilio.

Regresaron cabizbajos, pero contentos por no parar de cantar y animar a su equipo antes y durante el partido para que reaccionara

En la segunda parte se animaron mucho más, ya que veían que el Málaga era capaz de marcar con un jugador menos. Su equipo lo estaba haciendo mejor, creando más oportunidades y desarrollando un juego algo más vistoso (el partido se abrió y se crearon más espacios). Hasta los últimos instantes mantuvieron la esperanza de que cambiara el destino, de que la suerte les acompañara, pero no fue posible, no tuvieron el premio que merecían, y tuvieron que marcharse de regreso cabizbajos, con mucho frío, algo de lluvia y la tristeza de una derrota que puede ser más profunda que la pérdida de los tres puntos en juego, ya que el equipo blanquiazul se aleja de nuevo a seis puntos del ascenso directo. Pero contentos porque volvieron a intentarlo.

Ni el frío ni la lluvia frenaron a los malaguistas.
Ni el frío ni la lluvia frenaron a los malaguistas. / Ramón L. Pérez