Ni aquel Alcoyano de la moral...

Ya sólo quedan nueve encuentros. Larga y penosa despedida de Primera. El Málaga corrió, luchó, quiso... Pero su ineficacia quedó al descubierto una vez más

En-Nesyri, rodeado de contrarios en Balaídos./
En-Nesyri, rodeado de contrarios en Balaídos.
PACO CAÑETE

Ya sólo quedan nueve encuentros. El Celta pasó. En Balaidos se cortó la racha de siete derrotas consecutivas. Al cabo de los 93 minutos, el marcador señaló empate a cero. No podía ser otro por parte del Málaga. Quedan 27 puntos en juego. El conjunto de La Rosaleda está a 13 del Levante, que marca la permanencia. Casi la mitad de lo que se tienen que disputar. Larga y penosa despedida de Primera. Toda una Liga en plaza de descenso. Hay que ser optimista para decir aquello de que «matemáticamente quedan posibilidades». Aquel Alcoyano de la moral, allá por los años 50, queda en mantillas. Cuando Undiano Mallenco pitó el final, me sorprendió el nutrido grupo de malaguistas que aplaudían a los vestidos de naranjas cachorreñas. Esas decenas de seguidores se merecen el mejor premio para medir el amor a un club. El movimiento, andando. Malagueños o no, dieron todo un ejemplo. El equipo también, pero en su medida. Durante cincuenta y más minutos fue algo superior al Celta. Pero continuó en su línea: aceptable en el primer tiempo, se descompuso en la continuación con un alarmante bajón físico, para terminar estrellando un balón en el palo.

El equipo corrió, luchó, quiso… La prueba de su ineficacia quedó al descubierto una vez más. El improvisado guardameta local (Rubén, el titular, se lesionó en los ejercicios de calentamiento) no tuvo que realizar ninguna parada. Enfrente, Roberto protagonizaba, una vez más, dos intervenciones de lujo. Para completar el cuadro, Iago Aspas tuvo un fallo a un par de metros del portal vacío. Error de patio de colegio. Por cierto que el goleador del Celta protagonizó un acto impropio de un deportista. Le formó una ‘pajarraca’, que duró un rato, a un compañero que no estuvo acertado en una cesión. Lamentable. Y para qué recordar las palabras de Hugo Mallo, cuando un periodista le recordó los pitos del público al final y en fase del partido, no dudó en decir que se lo pasa «por los hu…». Ejemplar. Termino. El Málaga, al fín, no perdió. Menos aceite da una berenjena. Llega el parón por los compromisos de la selección. Ya solo quedan nueve encuentros...

No sé, pero molesta. Raro es el día que abro la ventana de Google y no aparece una sinopsis con un durísimo ataque a Isco. Menos de la desgracia de Manolete, le imputan todas las calumnias inimaginables. Casi correlativos, aparecen engaños, mentiras y acusaciones hechas contra el futbolista. Clarísima la intención de hacerle daño. Que si es una mala persona, que si la plantilla lo rechaza, que si le echó un pulso a Florentino y que este no lo quiere, que si no es un buen deportista… Y muchas más por el mal estilo y peor leche. A Isco dentro del vestuario lo llaman ‘Magia’. Por algo será... Con el deseo de hundirlo hablan del Barça, pero no dicen los grandes clubes mundiales que aspiran a su ficha, con el City en cabeza por intenciones y millones. Me apena que con variados chismes traten de infravalorar a uno de los profesionales más sobresalientes en el mundo del balón. Tantas y tan variadas falsedades asquean, repugnan. De cualquier manera, como ya ha demostrado en el Real Madrid, en las próximas actuaciones de la selección veremos al Isco futbolista. gracias a Lopetegui, que lo conoce bien de los ‘subs’. Mientras, en la tierra que lo vio nacer, sus éxitos tienen fondo musical de malagueñas. Si el autor de tantas patrañas se mordiera su lengua… Lo sentiríamos por las consecuencias.

En el Betis triunfan dos jóvenes malagueños: Loren y Francis Guerrero. El primero, de Marbella, hijo de entrenador del mismo nombre que se ha pasado muchos años, primero de jugador, en el club marbellí. Loren ha jugado mucho por los campos de la provincia malagueña sin que advirtieran sus cualidades. A sus 24 años, antes del Betis ha militado en el Vélez, Marbella y Estepona. Y de Francis Guerrero, de Coín, extremo reconvertido en defensa por su actual entrenador, jugaba en el Puerto Malagueño cuando en 2014 ingresó en el club. Curioso, un equipo que practica buen fútbol y va bien clasificado cuenta con dos futbolistas ‘boquerones’ en el primer equipo –más Junior, criado en Arroyo de la Miel–, mientras que en el club de La Rosaleda, entre los veintitantos, solo hay un malagueño. ¿Recuerdan el plantel del Granada de hace dos años, que era la torre de Babel y un puro fracaso futbolero? Pues aquí está pasando más de lo mismo. Y así nos va.

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