El ascenso del Málaga pasa por La Rosaleda

Muñiz da instrucciones a Dani Pacheco justo antes de la entrada de Ontiveros por Koné./Salvador Salas
Muñiz da instrucciones a Dani Pacheco justo antes de la entrada de Ontiveros por Koné. / Salvador Salas

El Málaga lleva pleno de puntos en casa. Hace dos años el ascenso del Levante de Muñiz se basó en su solvencia como local

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

Seis partidos, seis victorias. Pleno de puntos en La Rosaleda. Es otro de los tópicos del fútbol: «Hay que hacerse fuertes en casa». Y este Málaga lo cumple a rajatabla. No supone una sorpresa para los que conocen al inquilino del banquillo blanquiazul, Juan Ramón Muñiz, que inculca a sus jugadores la necesidad de ser muy prácticos y no hacer concesiones en los partidos como locales. El precedente no puede ser más esperanzador: hace dos temporadas el asturiano condujo al Levante a Primera en una temporada sin sobresaltos gracias a la solvencia en su feudo.

El ascenso está en casa. El Málaga lo tiene más que asumido desde aquella charla inicial de Muñiz a la plantilla el primer día de trabajo. El técnico blanquiazul no esconde el principal argumento para obtener el objetivo en Segunda: saber manejar el 0-0. Todos los entrenadores que han pasado últimamente por la categoría, desde los tildados de más defensivos (Bordalás, Álvaro Cervera, Alcaraz, Arrasate o Anquela) a los de un perfil no tan acentuado (Rubi, Sergio González o Natxo González), sueñan con armar un equipo sólido y, sobre todo, que deje escapar pocos puntos en casa. Algunos incluso evolucionan, como José Luis Oltra, adepto al fútbol de toque en sus comienzos y que en el Granada buscó siempre asegurar el resultado.

Ya en la pretemporada el Málaga demostró su solidez. Concedió no ya pocos goles, sino también pocas ocasiones. De ahí el rictus de Muñiz cuando el equipo encajó el 1-0 a los pocos minutos de su estreno liguero, en Lugo, en una acción infantil de Ontiveros. No obstante, si se analiza lo que va de temporada (11 de las 42 jornadas), el equipo ha concedido poco, sin contar con que además el club acertó de pleno con Munir. «Un portero siempre tiene que dar puntos», suele decir el técnico asturiano.

La Segunda División es y se hace interminable. Los equipos se desploman o resucitan en la segunda vuelta. Apenas se dan ejemplos de regularidad. Tal vez la excepción más evidente sea el Levante hace dos temporadas, precisamente con Muñiz en el banquillo. Habrá quien recuerde también el caso del Málaga, que estuvo toda la temporada en puesto de ascenso (entonces eran tres, y no dos, como en la actualidad), pero tras dos derrotas consecutivas en casa, ante el Gimnastic (1-2) y el Hércules (4-6), saltaron las alarmas y el entrenador tuvo que salir de La Rosaleda aquella tarde en un furgón policial debido a la concentración de un grupo de aficionados muy exaltados a las puertas del aparcamiento del estadio.

Un gol encajado

El Málaga va por buen camino como local, incluso mejor que el Levante hace dos años. Entonces el equipo granota sólo pudo mantener su racha inicial de triunfos en casa en cinco partidos y al sexto empató; en cambio, ahora ya son seis las victorias. Incluso, en el aspecto defensivo el equipo blanquiazul es mucho más firme atrás, un solo gol encajado por seis de los de Orriols.

El balance final del Levante en su feudo fue espectacular: 17 victorias y dos empates por una sola derrota. Y esta última se produjo en el último encuentro de Liga, ya con el equipo más que ascendido y con un once plagado de no habituales. El cuadro azulgrana sumó 54 puntos de los 63 posibles y además casi en la mitad de los encuentros (10 de 21) no encajó goles. Al término del campeonato sólo había encajado como local 14 tantos por más del doble marcados (34). El ascenso se completó gracias a 30 puntos obtenidos a domicilio para acumular 84, catorce más que el segundo clasificado, el Girona. El ascenso está en casa y el Málaga de momento va por buen camino.

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