Un auténtico ridículo con una afición modélica

Este punto deportivo no se lo merece el club ni usted, pero seguro que en estos momentos en el nudo de su garganta le sale un «¡Viva el Málaga!»

Aficionados, durante el partido del domingo./Ñito Salas
Aficionados, durante el partido del domingo. / Ñito Salas
PACO CAÑETE

Los partidos que le quedan al Málaga son peligrosos y sin importancia. Parece un contrasentido, pero no. El público, 'hasta el gorro', muestra su descontento, como el domingo, aunque a veces, pocas, fue una madraza por el cariño que siente por el club. No se puede disimular. Más. Si gana como en esta ocasión, 'a buena hora, mangas verdes'. Si llega la derrota, lo de siempre: «¡No son malos…!» Muestra de disgusto de entrada y de despedida, sobre todo cuando los jugadores intentaron dedicar unas palmas a la grada. La realidad no admite 'numeritos'. Ahora llega otro peligro. Que algún futbolista haga lo que no se le ha visto en decenas de jornadas y se apunte para continuar. Casi todo tiene conclusiones negativas, aunque sí, hay que salir a ganar. Claro, que lo que queda difícilmente te vas a encontrar con una Real como la del domingo. Su actuación la defino con una palabra: ¡uf!. Vamos al futuro banquillo. Dicen que será pronto. Me han comentado en voz baja un nombre: Jose Luis Oltra. Sólo hago una aclaración: En su currículo figuran dos ascensos, y en el apartado más desagradable ha sido destituido en seis clubes, casi consecutivamente. Números cantan. Técnicos tiene el club para decidir.

Desde que el Málaga llegó a Primera, a finales de los 40, he vivido todos los descensos. Me he sentido infeliz por el fútbol, tanto en mi faceta de aficionado como en la de profesional del periodismo, aunque en esta he tenido que apretar los dientes en ocasiones por aquello de la objetividad. Nunca, jamás, el forofismo ha influido en mi forma de pensar. Y menos de decir o escribir. De lo que no cabe la menor duda es de que al Málaga lo llevo en el corazón desde que mi madre me parió. En cada retorno a Segunda he vivido un desencanto, he sentido tristeza, me he desanimado. He llorado. En esta ocasión no he experimentado alguna de esas sensaciones. El equipo estaba plano. En el pasado verano me lancé cuando escribí que el Málaga no tenía equipo de Primera División. A partir de entonces fui perdiendo ilusión, me sentía desconsolado. El fracaso se vivía jornada a jornada. El desengaño fue tal que el pasado jueves, al término del partido en Valencia, no padecí ninguna nueva experiencia. Escuchaba y oía frases de desaliento, de impotencia, de consternación, de pesadumbre. Ni fue por el gol encajado en el minuto 93 ni por la importancia que reflejó el 1-0. Mis sentimientos estaban heridos desde hacía tiempo.

Siempre digo que la lógica, con el paso del tiempo, nunca se oscurece en el fútbol, especialmente en una larga competición. Al final más o menos cada equipo está en el lugar que le corresponde. En la primera vuelta el Málaga sumó once puntos de los 57 disputados, y más adelante el entrenador que llegó para enderezar el rumbo de la nave tocó en quince campos y de los 45 que había en juego sólo sumó nueve, incluidos los de anteayer frente a la Real Sociedad. Es un auténtico ridículo. Desde la tercera jornada, en el fondo de la tabla. Y todo, lo he venido repitiendo, con una afición espectacular, modélica, que es una familia, que no ha hecho otra cosa que mimar a su club. El roto, como se ha producido, ha sido descomunal. El final estaba anunciado desde hacía tiempo.

Alavés y Getafe tienen que pasar por el campo de Martiricos. Con tristeza, las despedidas se hacen interminables. Ya veremos. De los promotores de la catástrofe, ¿qué se puede decir? Son más que conocidos. En los últimos días dicen y repiten «Lo siento». Todo se ha convertido en disculpas y promesas. Leches. Como titulaba SUR, no es suficiente. Igual que la pretensión de los jugadores cara a la próxima temporada. Que no prometan. ¿Cuántos van a continuar? Primero, la 'operación limpieza', tanto arriba como abajo. Supongo que debe haber alguna fórmula, no violenta, para separarlos del club. No sé. Es una empresa con un juicio pendiente. Málaga es acogedora, lástima que algunos no sean agradecidos. Este punto final deportivo no se lo merece el club, ni usted, usted y usted. Seguro que en el nudo de su garganta en estos momentos le sale un «¡Viva el Málaga!»

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