Ben Barek: «Afortunadamente la rivalidad ha dado paso a la hermandad»

Ben Barek posa con la camiseta del Málaga el miércoles en las instalaciones del hotel Los Abades en Loja. / Germán Pozo

El exjugador, querido en Granada y mito en Málaga, analiza el derbi de mañana: «Los puntas del Granada se entienden de maravilla y el Málaga es un equipo muy serio»

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

No existe otro nexo de unión más claro entre Málaga y Granada, entre el Málaga y el Granada, que Abdallah ben Barek. Doce temporadas como jugador entre ambos equipos (diez de ellas con la camiseta blanquiazul) y otras cinco como entrenador (tres en su tierra de adopción). Muy querido en la ciudad de la Alhambra e indudable referente del malaguismo. Nadie como él para analizar el derbi de mañana en La Rosaleda (18.00 horas, Movistar Partidazo) entre los dos conjuntos de su vida. Paradójicamente, como explica en un reportaje especial con SUR en Loja (a mitad de camino), debió recalar en el Ceuta y luego en el Murcia, pero diversos avatares lo llevaron a las dos ciudades que tanto quiere.

Repasa sus vivencias como jugador y técnico en ambos equipos, y recuerda que primero pudo ir al Ceuta y que ya estaba firmado por el Murcia cuando llegó al Málaga

Ben Barek tiene muy clara su ilusión para esta temporada. «Los dos equipos no están ahora tan bien como hace dos semanas y necesitan ganar. Por eso el partido va a ser más interesante. Pero es indudable que, al jugar en casa, el Málaga es el que más necesita el triunfo para volver a la dinámica positiva. Mi ilusión es que suban mis dos equipos en España».

El consejero consultivo malaguista llegó a España, a Granada, con 18 años. «Pasé frío, sí», admite antes de destacar que Málaga tiene un clima similar a Rabat. En la capital marroquí comenzó a despuntar muy pronto, pero no fue fácil su salida. Criado entre las paredes del palacio de Hassan II, su padre (funcionario del monarca) fue reacio a su salida del país. «Mi padre no quería que me fuera, y a Francia ni hablar. Mi país se había independizado, así que cuando vinieron del Saint-Etienne a ficharme ni se planteó. Pero apareció Larbi ben Barek un día y todo cambió...», relata. Inicialmente estuvo cerca de ir a Ceuta, «pero no me convenció mucho la idea», aunque con la intervención del que fuera mito del Atlético de Madrid su vida cambió. «Jugamos un partido entre el FUS, donde estaba Larbi, y mi equipo, el Stade, y después del encuentro, mientras todos los niños querían saludarlo, él me llamó para hablar conmigo. Y fue quien convenció a mi padre. Yo, la verdad, conocía Granada porque había estudiado lo que significaba para nosotros...», añade.

«Fui el primero que vino sin papeles a España; cogí el vuelo Tánger-Granada sin pasaporte ni documentos» Llegada

Y así llegó a España. «Fui el primero que vino sin papeles», afirma entre risas. «Es que yo no tenía pasaporte ni documentos de identidad ni nada. Lo único que sé es que cogí un vuelo Tánger-Granada, que allí me dejaron subir sin tener papeles y que aquí me dejaron aterrizar de la misma forma. Eso ahora no ocurriría...».

'Hijo' de Larbi ben Barek

Pero antes de fichar tuvo que jugar un partidillo de entrenamiento para que el presidente, José Bailón, se convenciera del todo. «En Granada se creó expectación porque decían que era hijo de Larbi... Jugué un partidillo entre el Granada y su filial, el Recreativo Granada. Me colocaron de extremo derecha y marqué un gol tras superar a varios jugadores, pero luego no toqué más la pelota en la primera parte. Antonio Carmona Ros, que entrenaba al filial, propuso en el descanso que pasara a jugar con el Recreativo y todo cambió porque los chavalillos me buscaban... Ese mismo día, en una comida, se cerró el acuerdo con un contrato de 60.000 pesetas y 3.000 de sueldo. Me dieron dinero y se lo llevé a mi padre porque yo quería que comprara una casa. Ya ve, primero llegué sin papeles y luego saqué dinero de España... Vamos, como ahora», explica entre risas.

«Iba mucho al cine y me quedaba con palabras y frases; la primera que aprendí fue: 'Hija de mi vida, guapa y distinguida' Idioma

'Málaga' (como llaman a Ben Barek en su país) tardó en estrenarse en el Granada, pero lo hizo con gol ante el Hércules. «Me tuvieron que llevar a un hospital porque me abrieron el labio», puntualiza. Al término de aquella temporada el equipo rojiblanco ascendió. Lo hizo en Almendralejo frente al Extremadura. «Recuerdo que en la celebración mis compañeros querían que bebiese y les dije que no podía hacerlo. Se pusieron tan pesados que cogí una silla y me puse serio...»

Salida a hombros

A la semana siguiente llegó el primer derbi contra el que sería el equipo de su vida. Pese a que era un día festivo por el ascenso, el Granada cayó en el último partido de Liga por 2-3 ante el Málaga. «El público se cabreó por perder con el Málaga y hasta quería pegar a los jugadores. La gente estaba esperando en la puerta... Pero a mí, en cambio, como era jovencillo y les caí en gracia, me sacaron a hombros». Para entonces Ben Barek ya trataba de hablar español. «Daba clases en una academia en la calle San Matías, donde está el hotel Ducal, y los chiquillos venían para que jugara con ellos en la plaza que había. Total, lo que aprendía jugando se me quedaba, pero lo que aprendía en clase se me olvidaba...» La mejor enseñanza llegó a través del cine. «Iba mucho, así que me quedaba con palabras y frases. La primera que aprendí fue: 'Hija de mi vida, guapa y distinguida'».

«Cuando pasábamos por los pueblos esperaban con piedras; era donde no podía correr mucho el autocar...» Los derbis antiguos

Tras un año en Primera y 24 partidos jugados se produjo su salida. El motivo, sencillo: «Entonces un equipo sólo podía tener dos extranjeros, uno de ellos sudamericano, y como firmaron a Carlos Gomes (portero portugués luego vinculado a Málaga y a El Palo), se vieron obligados a traspasarme». Y apareció el Málaga. El primer intento fue fallido. «Julio Parres, que era el presidente, ordenó que me ficharan, pero no llegamos a un acuerdo». Días más tarde su destino ya estaba definido: el Murcia. «Fui con Pepe Millán (entonces secretario técnico del Granada) y llegamos a un acuerdo. Hasta me dieron dinero para que se lo llevara a mi padre. Sin embargo, cuando volvimos a Granada, el Murcia se encontró con que un compatriota mío, Abderrazak, no iba a marcharse. Había firmado tres años de contrato y, como quería que se lo pagaran todo, tuvo que quedarse. El Málaga volvió otra vez por mí... y hasta hoy».

El consejero consultivo confía en el ascenso de ambos equipos.
El consejero consultivo confía en el ascenso de ambos equipos. / Germán Pozo

Los comienzos en el Málaga no fueron precisamente brillantes. «A Américo y a mí nos trajeron para volver a Primera y bajamos a Tercera. Pero luego subimos en poco tiempo a Primera», recuerda. Llega el momento de buscar una comparación entre dos grandes porteros de rojiblanco y blanquiazul, Candi y 'el Pechito' (como cariñosamente conocían los compañeros al mítico Américo). Ben Barek los emula y 'despeja de puños'. «Eran buenos. Candi era más sobrio, el más serio del equipo, y Américo lo hacía más bonito, con 'palomitas' y todo».

En diez temporadas 'Benba' vivió cuatro ascensos, uno a Segunda (en 1960) y tres a Primera (en 1962, 1965 y 1967, con Barinaga, Balmanya y Pons en el banquillo, respectivamente). Jugó con otros grandes nombres de la historia del Málaga: Pipi, Mendi, Bruna, Robles, Velázquez, Portalés, Benítez, Montero, Arias, Martínez, Chuzo, Otiñano, Aragón, Berruezo, Migueli... Su mejor momento en Málaga no fue deportivo. «Fue cuando conocí a Eugenia (su mujer, fallecida hace ya dos décadas). Y, claro, cuando luego nació Miriam (su hija)». Ocurrió a los cuatro años de su llegada.

La 'cuesta de la Reina'

Los 30 partidos de Liga con el Granada se multiplicaron por siete en el Málaga (206, más otros nueve disputados). Pese a estar sólo dos años en el equipo de Los Cármenes nunca tuvo problemas en aquellos históricos derbis frente al cuadro rojiblanco. «Siempre me trataron muy bien. Me tenían mucho cariño», destaca. Desde luego, aquellos duelos nada tienen que ver con los actuales. «Afortunadamente ahora se viven con gran hermandad y la gente muestra más educación, pero entonces había más salvajismo. Recuerdo cuando júgabamos que cuando pasábamos por los pueblos esperaban con piedras. Siempre era donde el autocar no podía correr mucho... También las carreteras ayudaban a eso. Entonces, para ir a Granada tardábamos dos horas porque sólo en la 'cuesta de la Reina' (la subida a los Montes) se nos iba una».

«Al jugar en casa, el Málaga necesita más el triunfo; mi ilusión es que suban mis dos equipos en España» Presente y futuro

El derbi de mañana es otro cantar y se congratula de que La Rosaleda vaya a estar casi llena. «La rivalidad ha dado paso a la hermandad y vamos a ver un partido muy bonito. Al Granada lo estuve viendo en el homenaje a Mingorance y luego he seguido varios partidos por televisión, y me ha sorprendido mucho la velocidad que tiene con espacios. Los puntas (se refiere a Fede Vico, Puertas y Vadillo) se entienden de maravilla, con paredes. El Málaga, en cambio, es un equipo muy serio, bien plantado».

Tras retirarse como jugador llegó la hora de entrenar y cumplió su objetivo. «Mi ilusión era entrenar a mis dos equipos en España y lo conseguí», incide. Alavés, Terrassa y Córdoba precedieron a su llegada al Granada en 1978. Fue casi de milagro. «Me llamó el rey (Hassan II) y me dijo: 'Tú eres hijo del palacio y queremos que vuelvas al palacio como seleccionador'». En otra ocasión mandaron a un coronel y dos capitanes para convencerlo de que debía entrenar al FAR. Él recomendó a Barinaga. Dos años como técnico en Los Cármenes y, como en su etapa de futbolista, después en la Rosaleda. Allí puso la primera piedra de un proyecto que alcanzó el culmen con su segundo, Antonio Benítez. «Pérez-Gascón me dijo que había que rejuvenecer el equipo y quién mejor que Antonio conmigo al lado, que conocía a todos los chavales de la cantera». Una década después regresó y lideró la remontada que no acabó en retorno a Primera por la fatídica noche de los penaltis en el Carranza. Llegó a ser director de todas las selecciones de Marruecos en 1985 y puso en marcha la 'operación 1.000 jugadores' que tan buenos réditos dio, pero su casa ya no estaba en Rabat, sino en Málaga. Su país natal lo condecorará próximamente en la Fiesta del Trono, pero Ben Barek, querido en Granada, es ya un mito del malaguismo. Así lo atestiguan la puerta número 6 y el unánime cariño de la gente.

Siete derbis, el descenso en la promoción y el trofeo 'secuestrado'

Ben Barek vivió siete derbis entre el Málaga y el Granada como jugador, seis como blanquiazul y uno como rojiblanco. Este último fue en el cierre de la Liga en Segunda en 1957 con victoria del Málaga por 2-3. Después, ya en el equipo de La Rosaleda, el peor recuerdo pudo ser un 4-1 encajado en 1964. Pero en realidad fue mucho más decepcionante el desenlace de la promoción en 1966. El Málaga la disputaba como representante de Primera –y además tras forzar un desempate en la Copa frente al Real Madrid–, pero fracasó ante el Granada, aspirante al ascenso. Ben Barek participó en el primer partido, con derrota por 2-1 en Los Cármenes, pero se quedó con el mal sabor de boca (como Robles) de que no fue utilizado en la vuelta. El 1-1 en La Rosaleda fue insuficiente. Eso sí, el derbi más curioso para el consejero consultivo malaguista lo vivió en el Torneo Ciudad de la Alhambra como entrenador del Granada a finales de los 70. El triangular lo ganó el Málaga, pero los aficionados rojiblancos impidieron que la expedición blanquiazul se llevara el trofeo. «Recuerdo que tuvo que venir una camioneta de madrugada para llevárselo sin problemas», recalca.

 

Fotos

Vídeos