EN BUSCA DEL JUGADOR PERDIDO

MANUEL CASTILLO

Cuando un equipo quiere, puede. Lo malo es que dentro del equipo haya quienes no quieran, o así lo parezca, por cualquier motivo. Que el Málaga quiso lo demostró en la bienvenida al nuevo entrenador en Alcorcón (1-4) y que en la noche del lunes quiso lo demostró igualmente (3-0) ante el Oviedo. Es el Málaga que apenas habíamos visto a lo largo de la temporada. Y quede claro que, a veces, se quiere pero no se puede. Ocurrió en el pasado encuentro con el Mallorca y sucedió en contadas ocasiones en la etapa anterior de la Liga. Pero pelillos a la mar y concentrémonos en este Málaga de hoy que con una semana de descanso por delante (y tres puntos más en el talego, los del Reus) dispone de los tres últimos encuentros para rematar el campeonato habilitado, al menos, para seguir peleando por el inmediato retorno a Primera, de donde nunca debió salir.

Y un éxito más: como aquel niño perdido y hallado en el templo, parece recuperado y hallado para el equipo un jugador del que todos esperamos mucho pero que, hasta ahora, decepcionaba por su irregularidad en el juego... y en su comportamiento. Ontiveros tiene en sus manos, más bien en sus piernas, la posibilidad de erigirse en ese ídolo que todo equipo necesita y del que el Málaga carece desde hace algún tiempo; un jugador en el que creer y capaz de aglutinar el juego de sus compañeros y en momentos determinados. Ese jugador que si él se lo propone, sólo él, podría seguir la estela de tantos futbolistas malagueños (Pipi, Juanito, Isco y ahora Brahim) que, con su fino estilo y habilidad, han merecido incluso el reconocimiento internacional. Este Málaga que vimos anteanoche en La Rosaleda tiene que ser el Málaga que soñaban todos sus seguidores, y al entrenador le corresponde ahora mantener vivo ese espíritu solidario y agresivo en el juego. Pero, atención, no confundir la agresividad con la violencia o los malos modos. A estas alturas sería irremediable recibir tarjetas absurdas, especialmente por desplantes o protestas al árbitro que pudieran significar el desplome del equipo en el momento culminante de la Liga. Desde ahora y hasta el próximo día 26, el de las elecciones, el Málaga dispone de diez días de descanso y reflexión, y ese día, ganando al Zaragoza, enfilar el camino a Primera por la vía de los 'play-off'.