Un cambio acogido con cierta frialdad

La llegada de José González no ha entusiasmado, no sé si por la climatología reinante o por el currículum, Le deseamos toda clase de éxitos. Los suyos serán para la afición, sufridora donde las haya

Adrián se lamenta tras la parada del portero. /LOF
Adrián se lamenta tras la parada del portero. / LOF
PACO CAÑETE

No sé qué tardaría el célebre ‘parto de los montes’. Supongo que no mucho más que el cambio de entrenador en La Rosaleda. En una operación rápida de ejecución –no de preparación– el Málaga, vía Husillos, destituyó el sábado a Míchel. En cuestión de horas fue anunciado el relevo: el gaditano José González. El cambio, quizá por la tardanza o por el nombre del que se incorpora, ha sido acogido con cierta frialdad. No sé si por la climatología reinante o por el currículum. Sea como fuere, nuestra bienvenida a José González, que fue jugador en los 90 con una labor media que no pasó de discreta. Le deseamos toda clase de éxitos. Los suyos serán para la afición, al día de hoy sufridora donde las haya.

En Getafe, otra más. Partido horrible. Las mejores jugadas de unos y otros no pasaron de tres toques. Empacho de ‘centrocuentismo’, con dos guardametas en jornada de descanso. El equipo local, mal, y el de enfrente, ya vieron. Me da pena el Málaga actual, me entristece su clasificación y siento impotencia cuando hablan de reacción. Más aún me preocupa su afición. La están descomponiendo, machacando su ilusión. Fue a Dortmund y va a Getafe y a Eibar. Entusiasta, fiel y sencilla. El equipo, el suyo, lleva seis horas seguidas sin marcar un gol. Y eso que últimamente se ha enfrentado a Betis, Alavés, Espanyol y Getafe. Esperan Eibar, Girona y Las Palmas. Después… Ha cambiado el entrenador. Después, que es hoy, estamos a más puntos para salir del descenso.

En la actualidad, traspasos aparte, la moda apunta a las cesiones, a los préstamos por una temporada, y en casos, hasta dos. En los 60 y 70 ya existían, aunque sólo lo practicaban los ‘grandes’ para proporcionar actividad a sus más que amplias plantillas. En el primer equipo del Real o del Barça figuraban 4 o 5 porteros. Se pueden imaginar. Un dato curioso fue un elemento canario que procedente del Madrid aterrizó en Martiricos, y su cesión fue fundamental en el primer ascenso del Málaga a la división de honor. Otro jugador blanco que aportó un porcentaje importante en otro retorno a Primera fue Sobrado, que no sólo volvió al Madrid de titular, sino que además alcanzó la internacionalidad. De los últimos préstamos, uno inolvidable: Lolo Velázquez, que se hizo figura en el Málaga, a pesar de que sus comienzos de blanquiazul fueron difíciles. Balmanya no le daba su sitio y pidió retornar al Bernabéu. Al final hubo solución y Velázquez, el Málaga y el Madrid triunfaron con su concurso.

Lo que ha pasado al recuerdo es la figura del jugador a prueba. Años atrás, numerosos futbolistas se cruzaban España en todas direcciones buscando clubes para someterse a prueba. Bien para un partido amistoso, o entrenándose durante semanas para ser observado detenidamente por los técnicos. Hubo de los que hicieron verdaderos circuitos de equipos, de uno en otro. Y hacían turismo, porque los gastos corrían a cargo del probador. Se pueden imaginar la cantidad de recomendaciones que entidades como la malaguista recibían cada verano para que vieran a otro Di Stéfano. Como es lógico, había más malo que bueno, especialmente determinados elementos de buena técnica que brillaban en los entrenamientos y fichaban y que en los partidos de verdad fracasaban. El Málaga no se salvó de algún que otro desacierto. Hasta aquí llegaron jugadores, muchos procedentes del otro lado del Atlántico, simplemente por recomendación de los que mandaban en el ‘compro-vendo-cambio’. El fútbol sigue igual, pero las formas y modo de fichar sí que han cambiado, con atención especial a las canteras. Por cierto, ha comenzado el año y no han puesto la primera piedra de La Academia. ¿Para cuando?

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