Otro capítulo de la aventura del colista

Las Palmas y Málaga jugaron para empatar, sobre todo en desaciertos, y el equipo de Jose se queda hundido

Otro capítulo de la aventura del colista
PACO CAÑETE

Tuvo que ser en lunes, día casi habitual de sus partidos. Y si miras en el marcador, el 1-0 es normal, frecuente. Por lo oído, el choque se preparó concienzudamente. Tanto que hasta afectó al factor ‘bajío’. El equipo no vistió de color naranja cachorreña cuando había una coincidencia de indumentarias. Eligió calzón y medias blancas. ¡Menuda pamplina! Así y todo, aunque el naufragio hace tiempo que empezó a producirse, los que venían nadando desde muy atrás para ganar tierra firme, sucumbieron en la misma orilla. Minuto 89. Con la firma de Halilovic.

Que Las Palmas y Málaga se ventilaban una posibilidad de supervivencia con la victoria, estaba en todos los escritos. Ya se vio: jugaron para empatar, sobre todo en desaciertos. Cualquier partido parecido de Primera, era coincidencia. Un primer tiempo de patadón y tentetieso, sobre todo atrás. En la parcela ancha muchos voleones y saques de banda. Cada jugada se componía de dos o tres toques, como máximo. Hasta el minuto 41 no se produjo un remate entre los palos. Michel, lateral local, su autor. Roberto respondió con una buena parada. Pero ya, al comienzo, minuto 2, asistimos a la jugada más rara del partido. Calleri se encontró solo ante el portero… No sólo no remató sino que dio un desafortunado pase a la derecha. Incomprensible. Tanto como que el partido resultó soso, anodino, aburrido, monótono y vulgar. Así se ha abierto otro capítulo de la presente aventura del colista. Vamos a referirnos a la cara positiva. Al fin, un fichaje, Ideye, mostró categoría. Se movía arriba y atrás. Era un peligro para los amarillos. En cinco minutos Samu y Keko mandaron al limbo los servicios de Ideye. Dos oportunidades de ensueño. Iturra, en lo suyo, vale. Y Ricca se superó, aunque en el gol anduvo despistado. Miquel cumplió bien. El sábado, el Atlético de Madrid. Usted, usted y el chico que pasa por delante piensan lo mismo: el Málaga, hundido. Y ahora… Vamos a pasar a otro tema más intrascendente.

Hoy, en el fútbol español, cualquier campo que se precie cuenta con una grada de animación. Los chavales se lo pasan en grande empujando a su equipo. Este movimiento –que no los ultras puros– arrancó en los setenta. ¿Cómo se las ingeniaban hasta entonces para que influyera el factor campo? A base de pulmones, ingenio y mucha gracia. Cuando había que abroncar al árbitro, miles de gargantas eran una sola voz. Decenas y decenas de aficionados salían roncos de La Rosaleda. Y para qué recordar cómo ponían a la progenitora del señor colegiado. En aquella etapa, el Athletic era el equipo de moda, y de San Mamés y sus alrededores llegaron algunos cánticos que continúan vigentes en tierra vasca. Sonaban fenomenalmente. Un coro enorme, casi todos los espectadores cantando: «¡Ah la bi, a la ban, a la bin-bon-ban, el Málaga, el Málaga, ra, ra, raaaa!». O «¡El Málaga, el Málaga y nadie más!». Cuando un elemento del equipo contrario fingía o exageraba una lesión, los gritos de «!Ay, ay, ay!» Acompañaban los pasos del futbolista durante un buen rato. En momentos de silencio no faltaba la voz desaforada que decía: «Una m… ‘pa’ el árbitro y pa el que no diga ‘pa’ el árbitro». Por supuesto que la respuesta era rotunda: «¡‘Pa’ el árbitro!». Otra frase de moda era cuando al futbolista visitante lo llamaban por su número: «El cinco – por ejemplo– es tal y tal». Otro estribillo: «Míralo, míralo, ya se ha ‘mosqueao’».

En la actualidad, los anuncios suelen ser luminosos, lámparas led. En aquellos años era habitual golpear las vallas publicitarias, que eran de chapa. Y hasta se conjuntaban los de distintos sectores. Recuerdo un amigo, Francisco Bueno, empresario, serio y prudente en su quehacer habitual, pero dándole a las chapas era otro. Se lo pasaba en grande. Socio de siempre, en unión de su esposa –cuando las mujeres no iban al fútbol– tenía sus abonos en Tribuna, en primera fila, junto al banquillo local, con un hermoso anuncio por delante. El amigo Paco solía empezar a palmear aprovechando algún silencio. Contagiaba. En unos momentos todo el estadio era un ‘pim-pam-pum’. Su mujer lo pasaba muy mal, sobre todo por las miradas, pero él disfrutaba de lo suyo. Continuaremos con detalles de este tipo, muchos y variados, como el de los ‘trenes botijos’ o las largas esperas para abroncar al árbitro cuando salía del campo, a los que hasta le rayaban los coches.

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