DEL COBARDE AL CAMPEÓN

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLO

Tomo asiento ante el ordenador y no sé qué hacer. Si añadir una columna más a la miserable situación del Málaga, si repasar la nueva política de la selección española o si glosar una vez más la ya mítica figura de Nadal que, en Nueva York, ha conquistado su cuarto triunfo allí con una demostración épica de su insuperable tenis. En este caso se nos agotan los adjetivos de clamor y alabanzas, de igual manera que respecto al jeque Al -Thani se acaban los adjetivos para calificar su comportamiento respecto al Málaga, aunque, claro, adjetivos y acusaciones de índole contraria. La pasiva reacción del jeque ante tantas y rotundas manifestaciones de repulsa (con pancartas que lo tachan de «ladrón de guante blanco») es indicativa de una absoluta falta de dignidad. Su ausencia y la de toda su familia (a la que mantiene a sueldo del club) confirman su cobardía, incapaz de dar la cara. Por todo ello confirmo la necesidad de una drástica solución, antes de que podamos vernos en la situación del Reus. Pienso que la otra mitad de la propiedad del club tendría algo que decir.

Nada más acabar el encuentro España-Islas Feroe, con la satisfacción del deber cumplido, nos fuimos en busca de Rafa Nadal, seguros de hallar ese gran campeón que, gane o pierda, nunca decepciona. Ya tenía dos sets ganados pero el tercero y cuarto nos tuvo emocionados hasta la madrugada, hasta que una nueva explosión de júbilo nos invadía, a los que estaban allí y a los millones de personas que siguen a Nadal por más de medio mundo. Era el orgullo español en el mundo del tenis como poco antes se había rubricado en el del fútbol y en tantos otros deportes. Aquí, en Málaga, nos toca simultanear triunfos y medallas con una especie de virus futbolístico llegado de Catar. Y que, como sea, hay que atajar antes de que sea demasiado tarde.

Inevitablemente acabo con el mismo sentimiento de pesar y preocupación con el que empecé esta columna. Ya estamos en la quinta jornada y no se vislumbra mejoría alguna. Sigamos esperanzados.