EL (DES) CONCIERTO DE OCÓN

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Había que ser muy torpe para tan sólo a los 10 minutos de juego no vislumbrar lo que iba a suponerle anoche al Málaga el arbitraje del riojano Ocón Arriz, de lamentable coincidencia de apellidos con el gran músico malagueño, porque el tipo que iba de rojo anoche en La Rosaleda lo que ofreció fue un (des)concierto, tan pensado como desafinado y desagradable. En es 10 minutos no sólo anuló un gol a Keidi que era legal, sino que desarrolló un arbitraje sibilino de gran altura, desde luego la que no tiene el riojano para arbitrar en esta categoría, por muy perra y mala que sea.

Pintaba la cosa mal, pero fue empeorando. El árbitro iba 'estaba crecido', en contra del Málaga, con tarjetas amarillas y faltas continuadas, pero donde rozó ya el esperpento fue en el segundo gol anulado a los de Muñiz, obra de Adrián, por un motivo que aún desconocemos todos, incluido el trencilla.

No había que ser muy listos para saber al llegar al descanso que no sólo no iba a ganar el Málaga con este arbitraje tan impresentable, sino que además era de cajón que algún malaguista vería una segunda amarilla. Nos dimos cuenta todos menos Muñiz, que no movió el banquillo, y Keidi Bare fue quien se marchó a la caseta tras una segunda amarilla por saltar con los brazos abiertos, que sumada a la absurda amonestación por mover el balón en una falta se volvió roja. Con 10, con dos goles anulados (Dios, con el trabajo que nos cuesta meter uno) y con la UD Las Palmas crecida nadie invitaba al optimismo pàra tan siquiera salvar el punto, pero en esto de la pelota aparte de que puede pasar cualquier cosa en cualquier momento, hay jugadores a los que la providencia no les dio mucha cabeza, porque si no nadie se explica la tremenda entrada del canario Deivid a Alejo a 70 metros de su área. A la calle. Con uno menos cada equipo, de nuevo llegó la esperanza. Pero no. Este Málaga de Muñiz, con 11, con 10 ó con 9 acaba encerrado en su campo en una absurda elegía del sufrimiento. Tres partidos, tres puntos. Así no vamos a ningún lado.

 

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