NUESTRA COPA ES ASCENDER

JOAQUÍN MARÍN D.

No recuerdo en mis 40 años de vida, y unos 34 ó 35 de uso de razón futbolística, una sola alegría que la Copa del Rey le haya dado al Málaga. Siempre ha sido, con todo el respeto debido, un estorbo, una distracción para alcanzar el auténtico y real objetivo clásico del club las más de las veces: la permanencia en Primera División. Pocos habrán sido los años en que el torneo eliminatorio del fútbol nacional se ha convertido en la prioridad malaguista o en el salvavidas de una aciaga temporada: normalmente no ha hecho sino empeorar la salud del enfermo. Cada año, sin embargo, uno renueva un poquito la ilusión, y echa la vista atrás, hasta donde alcanza la memoria, para acabar preguntándose por qué el Málaga no consigue emular gestas como las del Mallorca, el Recreativo de Huelva o hasta el Mirandés, que se han plantado en semifinales y finales (y hasta han ganado) alguna vez. Hace pocos años, con Javi Gracia en el banquillo y una permanencia ya garantizada, un sorteo favorable dejó un camino fácil hasta la semifinal. Pero en cuartos, un Athletic de Bilbao de los peores que se recuerdan impuso su tradición copera. Es lo más cerca que hemos estado, al menos en las tres últimas décadas, de hacer algo. Algo que equivale a poco, a nada. La eliminación del Málaga anteayer a manos del Almería deja un poso amargo, sí. Pero dura poco. El objetivo no hay que confundirlo. Es ascender, no desgastarse ni entretenerse. No es darle amor a un torneo que nos soslaya, con cierto desprecio, históricamente. No es nuestro problema, ni nuestra guerra. Todos esperamos un romance con la Copa, sí, y lo deseamos. Pero tendrá que ser en otro momento. Ahora estamos ocupados con otro sueño: volver a Primera.

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