El Málaga va de cabeza a Segunda

El Málaga va de cabeza a Segunda

Sin capacidad para contener, con una defensa desquiciada y sin recursos arriba, naufragó ante un Alavés que necesitó cinco ocasiones para marcar

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

El Málaga va de cabeza a Segunda. Sólo queda esperar un milagro. En Vitoria, en una cita crucial, dio la enésima exhibición de incapacidad, de inoperancia y de falta de recursos. La falta de calidad atrás, en el centro del campo y en ataque fue terrible ante un Alavés encorajinado y que necesitó hasta cinco ocasiones claras para obtener el triunfo. A estas alturas, el equipo de Míchel es Roberto y diez más después de la desastrosa planificación de Al-Thani y Arnau.

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Las ausencias de Rosales y Adrián obligaron a Míchel a recomponer el equipo, aunque además el técnico introdujo dos retoques. Al final Luis Hernández rememoró viejos tiempos como lateral derecho y Kuzmanovic reapareció para ser el medio de contención mientras Ontiveros y Rolan ocuparon las plazas de Keko y Borja Bastón. Estaba por ver el rendimiento de la cobertura, con cuatro centrales (Ignasi Miquel debutó en el eje), así como el papel del internacional serbio por delante.

1 Alavés

Pacheco; Martín, Alexis, Maripán, Duarte; Manu García, Pina; Ibai, Burgui (Bojan, min. 76), Pedraza (Wakaso, min. 87); y Munir (Santos, min. 83).

0 Málaga

Roberto; Luis Hernández, Baysse, I. Miquel, Diego González (Ricca, min. 55); Ontiveros, Recio, Kuzmanovic (Mula, min. 76), 'Chory' Castro; D. Rolán y Peñaranda (Borja Bastón, min. 65).

ÁRbitro:
Álvarez Izquierdo (catalán). Estuvo muy por encima del partido, magnífico en el control del juego. Mostró tarjeta amarilla a Manu García, Luis Hernández, Ontiveros, Duarte, Ignasi Miquel, Burgui y Recio.
Gol:
1-0, minuto 60: Centro de Duarte desde la derecha del marco de Roberto que empalma de primeras Munir para mandar la pelota muy ajustada al palo derecho para hacer el único tanto del partido.

El Málaga sufrió mucho en la primera parte porque Abelardo, como Míchel, optó por un punta muy dinámico (Munir) y trató de castigar el flanco derecho de la zaga visitante con Burgui y Pedraza. Fue como un ‘doble extremo’ que hizo mucho daño debido a que Kuzmanovic fue incapaz de interpretar esas situaciones y el pasillo entre Baysse y Luis Hernández fue demasiado claro.

Roberto fue de nuevo el salvavidas, en dos acciones de Munir –la segunda, un error de Ignasi Miquel, arrastrado por las dudas de Baysse con la pelota en los pies–, pero el Alavés tampoco está para tirar cohetes. Hasta el descanso sólo sumó un par de apariciones del joven lateral derecho Aguirregabiria, al que Chory Castro no pudo seguir. Pero a cambio conviene apuntar que el uruguayo fue el único atacante del Málaga que tocó con criterio.

Falta de calidad

El conjunto de Míchel fue de nuevo la constatación de que sobran expectativas y falta calidad de mitad de campo hacia arriba. Ontiveros se perdió en amagos ante Duarte para finalmente ceder la pelota atrás, Peñaranda abusó de ese juego de espaldas tan característico de un pívot de baloncesto –y cuando encaró le cogieron pronto el tranquillo–, y Rolan ralentizó cada ataque y le faltó más convicción para pisar el área. El guardameta local, Pacheco, fue un mero espectador. El balance ofensivo del Málaga fue inexistente y esta vez ni siquiera la presión surtió efecto.

La segunda parte tuvo incluso un comienzo más calamitoso para el equipo. Ni existió. El Alavés apretó muchísimo de salida mientras el Málaga era incapaz de meterle ritmo al partido. La desconfianza era alarmante, y la falta de recursos, terrorífica. La ausencia de Adrián, el único futbolista que ha aportado equilibrio durante toda la temporada, comenzó a dejarse notar en demasía. Kuzmanovic siempre llegaba tarde y Recio corría sin brújula. La falta de contención comenzó a pasar factura y la defensa hacía aguas con demasiada facilidad.

Análisis

Como en la primera parte, Munir perdonó dos veces de forma inexplicable. Primero, con la portería vacía, mandó al larguero la pelota tras un rechace de Pacheco a tiro cruzado de Pedraza –que entró como quiso–, y después perdonó en una vaselina tras una salida en falso del cancerbero. Parecía gafado el ariete local hasta que marcó en la más complicada, un empalme de primeras a un centro de Duarte en la que mandó el balón muy ajustado al palo.

El banquillo tampoco daba para mucho. Míchel tuvo que echar mano de Borja Bastón, además después de que Peñaranda pidiera otra vez el cambio. El Alavés lo tenía en la mano y no lo dejó escapar. El Málaga pisó el acelerador en la recta final, pero con esa alarmante falta de recursos tan evidente desde que comenzó el campeonato. Salvo un par de córners y un disparo de Mula alto, absolutamente nada. Pacheco, como en la primera parte, no tuvo trabajo. Su equipo respira mientras la agonía del Málaga parece no tener fin. Sólo queda esperar un milagro.

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