Una derrota, la de Almendralejo, que aburre

Ante el Extremadura sólo vale la pena destacar a la afición malagueña, a la que los 400 kilómetros de vuelta se les haría eternos

Una derrota, la de Almendralejo, que aburre
PACO CAÑETE

En Almendralejo se enterró la ilusión de centenares de malaguistas que acompañaron al equipo. Hay derrotas que escuecen, que aburren. Esta es una de ellas. Lo peor, a costa de un registro negativo. El Extremadura había encajado goles hasta la jornada decimocuarta. En la decimoquinta va el Málaga y deja su portal a cero. A los que viajaron desde nuestra capital, la vuelta se les haría eterna. Los 400 kilómetros de retorno les parecerían interminables. Nuestra felicitación a esos fieles aficionados como si hubieran ganado por goleada. Ellos, sí. Se merecen el mejor espacio de esta sección, porque sienten, quieren y padecen los vaivenes del club de su corazón. Son incondicionales inmarchitables. La infelicidad que les deparó la derrota, el desánimo y el sinsabor pronto quedarán atrás. El sábado, otra vez con el equipo. Como siempre.

Del fracaso, ¿Qué? Poco y nada positivo. Los partidos duran 90 minutos y el añadido. No 15 y poco más, como estamos viendo al equipo en las últimas salidas. El Extremadura, con presión y velocidad tapó sus carencias, sobre todo atrás. Cierto también que el Málaga pudo marcar en la segunda parte. Pero su joven meta Álvaro Fernández, en un par de ocasiones, y los malaguistas Héctor y Blanco en fallos estrepitosos impidieron que el balón entrara. Enfrente, Munir –que por cierto falló en los saques, cosa no habitual– sólo tuvo que realizar una parada, aunque el balón se paseó algunas veces con peligro en su portal. La defensa hizo aguas. Ricca estuvo por debajo de su nivel, Pau López no se entendió con Diego González, desafortunado toda la tarde. N'Diaye, ni sombra del jugador que conocemos, y Adrián terminó sin poder correr. El punta blanco lo intentó, pero tampoco tuvo su tarde. Un tirón de orejas para Ontiveros, del que sigo manteniendo lo que comenté hace una semana. No se puede ser tan individualista. Hay que levantar la cabeza y jugar con el compañero. Es un deporte de conjunto. Así y todo, fue de los menos negativos.

De Muñiz queda constancia de la buena labor que viene realizando, en líneas generales. Pese al resbalón del domingo, no se pueden olvidar el siete de siete en La Rosaleda. Que no es poco cara al ascenso. Ni tampoco la labor de equipo. Como todo humano tiene sus debilidades, pero los aciertos están muy por encima. Ante el conjunto extremeño introdujo un cambio que por más vueltas que le doy, no entiendo. Fue la entrada de Lacen por Iván, en el minuto 73, con el marcador adverso. Colocó a N'Diaye de central (que corrigió en los últimos minutos) para situar a Diego González de lateral. En fin, que Hicham, que relevó en los 39 minutos a Renato tampoco realizó nada comentable. Se perdió una buena ocasión. La competición continúa y el jugador número doce, también.

Para que el aficionado valore el VAR en la justa medida que se está implantando en el fútbol, el presidente del Comité Técnico de Árbitros, Velasco Carballo, organizó hace solamente unos días una rueda de prensa en la que, entre otras cosas, dijo: «Si en algún momento los árbitros se ven influidos por el VAR, romperíamos el arbitraje y destrozaríamos el fútbol». Para mí estas palabras no pueden resultar más desafortunadas. A ver, una de las acepciones del verbo influir es ayudar a una persona en el éxito, y en este deporte se aplica el VAR para el auge del fútbol. Nada de romper y mucho menos destrozar. Lo que el ojo humano no puede percibir en una mínima fracción de tiempo una serie de cámaras sí la pueden captar desde distintos ángulos y distancias. Menos mal que el colegiado valenciano Mateu Lahoz dijo de estos vídeos que son como una especie de «ángel de la guarda». Ojalá que esta ayuda se introduzca en todas las competiciones de élite y campos del mundo. Con el tiempo será indispensable para los erncargados del silbato.

 

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