Al Málaga no se le puede pedir más (1-1)

Adrián, autor del empate, durante una acción. /Ñito Salas
Adrián, autor del empate, durante una acción. / Ñito Salas

Valioso empate ante Las Palmas con un equipo de andar por casa y tras regalar un gol al rival

Sergio Cortés
SERGIO CORTÉS

El Málaga salvó un punto que supo a victoria a tenor de las circunstancias del partido: una plantilla diezmada, un equipo de andar por casa, sin apenas opciones en el banquillo (Víctor sólo hizo un cambio) y, encima, un gol regalado al rival. Mereció mucho más ante Las Palmas, que expuso poco y se llevó demasiado. La actuación fue de nuevo una lección de derroche por parte de algunos jugadores, el único síntoma para ser optimistas cuando se llega a los últimos días de un mercado condicionado por las excentricidades del presidente y con un montón de deberes por hacer para corregir tantas limitaciones.

Cuando llegó el descanso, uno tuvo la impresión de que había asistido a un partido de Copa. Entre la alineación del Málaga, con remiendos y algún que otro futbolista que en condiciones normales no sería titular a poco que el nivel subiera un poquito (no mucho, sólo un poquito) y con el bajísimo ritmo por parte de los dos equipos, parecía todo destinado a que el gol llegara en un grave error defensivo. Y hasta en eso casi se cumplió el guion. Las dos únicas ocasiones claras, favorables al equipo blanquiazul, se produjeron tras sendas pifias monumentales de Las Palmas en la salida del balón. Primero, a cargo del portero Josep, en la que Adrián falló lo que no suele fallar; después, por parte de Aythami, en una acción de las que Juanpi no solía perdonar cuando tenía confianza o el santo de cara. El otrora '10' (ayer lució el 16 porque ese dorsal se lo han otorgado ya a José Rodríguez) mandó el balón al palo.

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Porque Adrián y Juanpi fueron, cada uno a su manera, dos de las sorpresas de Víctor. El madrileño partió como hombre más adelantado (uno se niega a llamarlo delantero centro) en un indicio de que el entrenador quería reservar para la segunda parte el empuje del joven Hugo. El venezolano, al que el Málaga aspira a vender (y también suspira por ello), fue un recurso para tener la pelota y al menos controlar el juego.

Apoyo sin fisuras

La primera parte fue soporífera. Bien controlada por el Málaga, pero soporífera. La ventaja para los jugadores es que la afición está en permanente actitud de apoyar sin fisuras, porque no queda otra y porque se asume que más no se puede pedir. Porque ver a Boulahroud tratando de jugar como titular o a Keidi queriendo ejercer de Apoño (por sus intentos de apertura a las bandas)... El equipo insistió por la derecha más con Renato y Cifu (con las consabidas limitaciones de ambos) que por la izquierda con un desacertado Dani Pacheco y con un Juan Carlos que expone lo justo. De Las Palmas apenas hubo noticias. A Pepe Mel se le escuchó con claridad exigirle más intensidad a sus jugadores y sólo se observaron algunos destellos de ese talento de 16 años llamado Pedri.

La reanudación comenzó con un detalle significativo: en menos de tres minutos el árbitro, Sagués Oscoz, mostró dos veces la amarilla. El vasco trató de no dejar escapar las riendas del partido como si este hubiera tenido gran exigencia en la primera mitad. A Las Palmas sí se le vio dar un paso adelante y adelantar la línea de presión para evitar que Munir ejerciera como aquellos antiguos 'líberos' en la salida del balón. Ese afán absurdo del Málaga de Víctor pudo costar caro en una frivolidad en el área pequeña. Y tuvo que ser en un error en la construcción desde atrás (por parte de Mikel, titular ayer por delante de Luis) cuando al cuadro amarillo se le presentó la única oportunidad. Sólo que le cayó a ese genio llamado Rubén Castro, que firmó un gol antológico de vaselina.

El punto supo a poco a un equipo que da la cara, a un técnico que sólo hizo un cambio y a una afición que asume la difícil situación

Víctor prescindió de Boulahroud para introducir a Hugo, pero el panorama sólo varió por el arrojo constante de Cifu, que suple sus limitaciones con un tesón ilimitado. Mel hasta tuvo que situar ahí a Galarreta y más tarde introdujo de refresco a Srnic. Ni por esas. Mientras los extremos, Renato y Dani Pacheco, estaban bajo mínimos y Juan Carlos desaparecido, el granadino tiró del carro una y otra vez.

El Málaga no merecía la derrota y al menos esta vez se hizo justicia tras un penalti fruto de un magistral toque de Adrián a Juanpi que dejó a este, venido a más en la recta final, en franca ventaja. El capitán, con increíble aplomo (el lanzamiento se demoró casi dos minutos), no perdonó. Todavía quedaba un cuarto de hora, pero el equipo fue una hemorragia de juego individual, desgraciadamente sin la más mínima templanza. El exceso de revoluciones jugó esta vez a favor de un rival apocado. El empate supo a poco, pero, vistas las circunstancias, también a mucho. El Málaga no tiene más. Es lo que hay. De los Al-Thani no hubo ni rastro. Habrá que pensar que, como dice el patriarca, estarían trabajando por el club como siempre, las veinticuatro horas del día. Al Málaga no se le puede pedir más;a sus propietarios hay que exigirles muchísimo más.

1 Málaga

Munir; Cifu, Mikel Villanueva, Diego González, Juankar; Renato Santos, Boulahroud (Hugo Vallejo, m. 57), Keidi Bare, Juanpi; Adrián y Pacheco

1 UD Las Palmas

Josep Martínez; Erik Curbelo, Mantovani, Aythami, De la Bella; Álvaro Lemos (Dani Castellano, m. 80), Ruiz de Galarreta, Timor, Kirian Rodríguez (Javi Castellano, m. 86); Rubén Castro y Pedri (Srnic, m 71).

goles.
0-1, M. 49: Rubén Castro. 1-1, M. 80: Adrián (penalti).
árbitro.
Sagués Oscoz (Colegio Vasco). Mostró tarjetas amarillas al jugador del Málaga Diego González, y a los jugadores de Las Palmas Pedri (m. 45), Kirian Rodríguez (m. 48), Eric Curbelo (m. 51), Timor (m. 65).
incidencias.
Partido correspondiente a la segunda jornada de la Liga SmartBank diputado en el estadio de La Rosaleda ante 17.612 espectadores.